miércoles, 20 de noviembre de 2013

LA PRÁCTICA ACTUAL Y ¿EL PADECIMIENTO SUBJETIVO DE LOS INTEGRANTES DEL EQUIPO DE SALUD?

Unidad Académica Hospital Central de San Isidro

Autores: Iammatteo M. Inés, Leserre M. Eva, Lima Quintana Delfina, Melamedoff Daniel, Rossi Alejandra.

Palabras Clave: Trabajo en salud – Padecimiento Institucional - Posición subjetiva - Análisis personal.


ABSTRACT:
El objetivo del siguiente trabajo será articular el trabajo en salud y las implicancias subjetivas del profesional que integra un equipo de salud, tanto en la formación de los alumnos de medicina como así también en el campo de la asistencia institucional. De qué modo el padecimiento se encuentra entramado a un encuentro con la práctica que implique una posición subjetiva sacrificial. Nos preguntamos desde qué otros lugares se podría abordar la práctica profesional en las instituciones y la relación que esto tendrá con el análisis personal de cada profesional.


DESARROLLO:
Horacio González en su texto el dolor del funcionario[iii] plantea que “Hay en todo el mundo (…) la idea de una culpabilidad del Estado. Esta idea no carece de fundamentos. Siglos y siglos de teorías del Estado basadas en una razón que le sería propia, por encima de la comprensión del ciudadano común, acabaron produciendo una sospecha de que ante las catástrofes o desarreglos del mundo real, el Estado tiene una suerte de culpa eminente. (…) se dice que a los funcionarios estatales, ante cualquier incidente, lo primero que se les viene a la mente es exculparse. (…) se parte de la idea de que las víctimas son un sujeto doliente de la historia, se piensa que todo accidente en los sistemas públicos (…) no son tragedias. Se presupone la culpabilidad del Estado.
Las víctimas nunca están calladas, (…) la política y el Estado mismo son ámbitos de escucha de las víctimas, y de actuación en su nombre. El Estado puede ser de inmediato culposo; sus funcionarios no debemos ignorarlo ni dejar de dialogar con el propio Estado en nombre de las víctimas. (…) El dolor público, para ser pedagogía colectiva no precisa exculpaciones profesionales”.
Creemos muy importante estar atentos a lo planteado aquí ya que es algo que atraviesa a todos los profesionales que encarnan la figura del funcionario público, y esto sucede inmediatamente en cuanto se trabaja en una institución pública. Suponer la idea de un estado culposo podría conllevar actuar desde un lugar poco conveniente, cargando con esa culpa, con su accionar apuntando hacia el quedar exculpado. Tarea que seguramente repercutirá en un padecimiento de dicho profesional.
Para ilustrar este texto traeremos un recorte de un suceso vivido por un profesional de la salud mental en una institución pública. El profesional caminando por la sala de espera de terapia intensiva se encuentra con un familiar de un paciente desconocido para él, quien lo increpa porque éste está usando el celular. Asumiendo que debería estar haciendo algo en pos de lo que está atravesando su familiar. Qué sucedería con este profesional si toma esto a su cargo, presuponiendo que su deber es responder inmediatamente ante el pedido de una “victima”. A su vez es interesante poder pensar cómo esto necesariamente se enlaza con el análisis personal de cada uno en función de cómo repercute en la trama fantasmática de cada uno.

Freud en Consejos al médico[iv] postula que el modelo más conveniente para la práctica es el del cirujano, que procede dejando de lado todos sus afectos y compasión humana, y concentra sus fuerzas en realizar una operación lo más acorde posible a las reglas del arte. Para el psicoanalista señala que hay una tendencia afectiva peligrosísima, que es la ambición de obtener un logro convincente para los demás, generando una disposición de ánimo desfavorable para el trabajo y quedando indefenso ante las resistencias del paciente. Se justifica la exigencia de frialdad de sentimiento al analista ya que crea para el médico, el muy deseable cuidado de su propia vida afectiva, y para el paciente el máximo grado de operatividad que se le puede prestar.

Lacan se pregunta en su “Breve discurso a los psiquiatras” cuál es el papel del Psicoanálisis en la formación de los psiquiatras, y resalta allí la experiencia del encuentro del médico con la clínica, de donde ya no se sale intacto, teniendo en cuenta lo que hay de angustia en ese encuentro, allí donde el médico está concernido. ¿Cómo pensar entonces esta afectación en el practicante, a partir del encuentro con la clínica?
El psicoanálisis nos enseña, no sólo, que la angustia es un afecto, sino  que la misma tiene una función y que ésta, está ligada a la orientación.
“La angustia (…) está, en efecto, en la lógica de las cosas, es decir, de la relación que tienen ustedes con su paciente. Sentir la angustia que el sujeto puede soportar los pone en todo momento a prueba. El analista que entra en su práctica, no está excluido de sentir (…) en sus primeras relaciones con el enfermo, alguna angustia”[v].
Lacan se pregunta de qué clase de angustia  se trataría y cuál sería su función, si es que la tuviera.
Podría pensarse que la emergencia de la angustia evidencia, que el encuentro con la clínica pone en cuestión los ideales, hace vacilar las identificaciones con las que se cuenta al inicio de la práctica. Ideales que, en el campo de la salud, estarán relacionados con la idea de curación y salvación. La práctica, entonces, nos muestra una y otra vez lo inadecuado de este encuentro, que será siempre en tensión (resistencia, repetición, no mejoría).
Intentar rectificar la práctica hacia el lado de la salvación, llevaría quizás al padecimiento, el burn out, etc. Por otra parte, estar advertidos de que la angustia es estructural y tiene una función, posibilitaría que el practicante reoriente su práctica, sabiendo que ésta, no será sin la tensión que produce el encuentro con un paciente y los obstáculos que se presentan en el trabajo en una institución donde convergen diferentes discursos.
El psicoanálisis piensa la angustia en relación con el deseo del Otro, por lo tanto ésta es estructural al sujeto, sea paciente o practicante. Será entonces un lugar posible para desplegarla, el análisis personal y/o los espacios de supervisión, estando advertidos, de que, ante su emergencia, algo nos concierne e implica en tanto sujetos.


 BIBLIOGRAFÍA:
·        González, Horacio, El dolor del funcionario, Diario Página 12 del 24/02/2013.
·        Freud, Sigmund (1912), Concejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico, Obras Completas tomo XII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1998.
·        Lacan, Jacques (1962), Seminario 10 La angustia, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2003.


[iii] Horacio González, El dolor del funcionario, Diario página_12 del 24-02-2013.
[iv] Freud, S.: (1912) “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” en O.C., Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
[v] J. Lacan, La angustia en la red de los significantes, pág. 13, 14, 15 En Seminario “La angustia”. Año 1962. Ed Paidós.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Intervención en el Congreso Mundial de Salud Mental 2013


“Interdisciplina e inclusión social como ejes de intervención”

     25 al 28 de Agosto 2013     -     Hotel Panamericano
 
 
Reseña


Guillermo Belaga presenta los distintos trabajos de  la Mesa: “Ruptura, Síntoma-Singularidad, Lazo Social. Una institución para cada Síntoma”. Se toman como ejes los dispositivos del Servicio de Salud Mental del Hospital y su articulación. Cómo estos dispositivos procuran ceñir algo del incómodo par Institución-Psicoanálisis, donde  las “palabras conocidas”: impulsividad, borderline, psicofármacos, DSM, etc,  pueden dar lugar a la novedad. Entradas y Salidas, y el entramado de la lógica colectiva que sostiene las estrategias e intervenciones del equipo de trabajo.

La Lic. Adriana Rógora propone un abordaje del Dispositivo de Admisión, como uno de los modos de entrada al Servicio. La admisión pensada como proceso, “no sólo da ingreso a la consulta sino que funciona como un dispositivo asistencial en sí mismo, en el sentido que posibilita el alojamiento en lo institucional, ofreciendo a quien consulta un lugar y un tiempo de escucha; Otro a quién dirigirse”. Allí se reciben los pacientes que llegan en el día sin programación previa, de manera espontánea o bien derivados por otros servicios del hospital, por otras instituciones dentro y fuera del partido, y por otros dispositivos de entrada al Servicio: Internación en Sala o Guardia.

Se remarca la dimensión de admisión subjetiva por parte del que consulta y la orientación por lo Singular del Síntoma desde donde se decide y se interviene.

Se presenta viñeta clínica en relación al dispositivo. Guillermo Belaga subraya de qué manera, en tanto aquello que marca la época, muchos pacientes llegan a la consulta encontrando una explicación a su padecer a partir de categorías que obedecen a la lógica del mercado bajo el paradigma biotécnico, "soy bipolar". Lo que el DSM no tiene en cuenta es, siguiendo la lógica del caso presentado, la erótica del duelo.

La Lic. Valeria Cavalieri comenta el trabajo en la Internación en Guardia. Allí donde la urgencia se presenta en la época vía el pasaje al acto - cuerpos mutilados, intoxicados, caídos -  el desafío es sintomatizar esos excesos, producir el relato que dé cuenta de las coordenadas del acto. “Hacer lugar” es el  primer gesto que permitirá  la construcción de una temporalidad para que algún lazo se instale, en contraposición a las respuestas segregativas propias de la época.

Se transmite la modalidad del trabajo del dispositivo de Internación conformado por psicólogos y psiquiatras, su lógica y la ética desde donde se orienta para responder a la coyuntura actual.

La Ley Nacional de Salud Mental (ley 26.657) “destaca una experiencia que se viene implementado desde hace varios años en el Servicio: internaciones breves en el hospital general orientadas a la estabilización y el armado de red de inclusión social que permita continuar el tratamiento por consultorios externos, evitando en lo posible la derivación a hospitales monovalentes y las secuelas de psiquiatrización y cronificación que establecen, frecuentemente, un destino de segregación para los pacientes”.

En la transmisión se destaca el trabajo del armado de las estrategias que convengan cada vez, siguiendo la lógica del caso que se irá construyendo en el entre varios del equipo.
 

Luego de la presentación de un recorte clínico, Guillermo Belaga hace hincapié en el Pasaje al acto y la lógica del mismo. De qué manera este se conecta a la angustia en la neurosis y al odio en el acto melancólico. Hace referencia a "el odio como único sentimiento lucido". En tanto para el DSM el caso sería categorizado dentro de la impulsividad lo que deja por fuera la consideración de la angustia.

A continuación la Lic. M. Ines Iammatteo despliega el modo en que se trabaja en los Consultorios Externos del Servicio. Así como la Admisión y la Internación suelen ser modos de entrada, la salida de esos dispositivos puede implicar la entrada a un tratamiento por consultorios externos.
 

Se recorta la particularidad de la temporalidad de dichos tratamientos, que si bien no presentan un tiempo prestablecido, se piensan como tratamientos de “objetivos limitados” y allí la temporalidad que cuenta es la subjetiva.

“El dispositivo implica la puesta en acto del discurso analítico como la respuesta a una demanda. Sabemos que no se trata de adaptar al sujeto ni de “curarlo” de sus síntomas como algo eliminable al modo de la enfermedad médica. Sabemos también que el sufrimiento del sujeto conlleva una satisfacción que no se resigna fácilmente, es decir lo singular de su goce”.

Las Salidas del dispositivo como finales de tratamiento en el hospital  ubican algo de la localización de lo pulsional en juego, de aquello que se repite más allá de la resolución terapéutica.


Por último, la Lic. Virginia Walker plantea  la complejidad del entramado colectivo que sostiene el trabajo diario.

“El Servicio de Salud Mental HCSI propone el alojamiento y tratamiento de lo inadecuado. No para ajustar al discurso imperante sino para hacer lugar a lo diverso, que lo diverso encuentre una forma social”. En la práctica, la orientación por el punto de imposible que señala que no todo puede ser recubierto por lo simbólico, sitúa la particularidad de un trabajo con otros, y otras disciplinas, que contempla dicha hiancia.

Un colectivo que lejos de homogeneizar, contempla las diferencias e impasses, sin que se forcluya la decisión sostenida en una ética y una orientación.

Esa inconsistencia contiene el desencuentro y también la oportunidad de invención. Lógica que recorre los dispositivos presentados.


 27 de Agosto de 2013

 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Intervención en el Congreso de AASM - Agosto 2013


 
 
DE LA URGENCIA A UN BIEN DECIR EN EL MARCO DE UN HOSPITAL PÚBLICO

 
PRESENTACIÓN

            Nuestra práctica, en el Servicio de Salud Mental del Hospital Central de San Isidro, se inscribe en el marco de un hospital general de comunidad.  Allí se presentan pacientes embrollados en su padecer: cuerpos mutilados, inquietos, agitados, mudos, agobiados, intoxicados.

            Si bien el discurso médico interpreta ese sufrimiento desde una perspectiva biológica e intenta bajo una normativa del “para todos” sostener el ideal de Salud, suprimiendo el sufrimiento en el menor tiempo posible, los practicantes del psicoanálisis apostamos a introducir otra temporalidad.  En esta cultura del “para todos” y de la inmediatez, el trabajo del servicio de Salud Mental está orientado desde otra perspectiva que intenta soportar el equívoco, introducir una pausa, un tiempo de comprender.  Se trata de alojar la dimensión subjetiva ofertando un espacio de escucha que posibilite el pasaje del hecho al dicho y del dicho al decir[1]. Buscamos que el decir se despliegue a lo largo de las entrevistas dando lugar a la subjetivación de la urgencia. Pensamos a esta como una forma de entender que el sujeto que llega a la guardia ha perdido sus referencias; ha sufrido una ruptura en su equilibrio subjetivo y encuentra en el Hospital y en el practicante otro que lo aloja en su padecer, transformando el  grito por fuera de la palabra con el que el paciente se presenta, en un llamado[2].  De este modo se buscará abrir nuevas respuestas frente a lo traumático, que surja un nuevo sentido, posibilitando en esta operación un horizonte de invención.

            Consideramos que el desafío del practicante es dar un salto cualitativo entre adaptar el reglamento al caso y captar lo que en el caso excede al reglamento. Sabiendo que las reglas institucionales existen, es necesario saber hacer con ellas; sin perder de vista que hay un sujeto que sufre y que viene a consultar. Es en la tensión entre el apremio por resolver y la burocracia en la que se enmarca, que la labor diaria entra en juego. Es la plasticidad del practicante la que permite encontrar una salida apoyada en la ética que orienta la práctica, con intervenciones calculadas, frente a la singularidad  de cada quien, desde cada uno de los dispositivos. De esta manera pretendemos dar lugar a la subjetivación del padecimiento.  Las formas que toma el malestar en la cultura se revelan de diferentes maneras, la aparición de sufrimientos singulares nos llevan a re-inventar nuestra práctica una y cada vez.


            Orientados por lo real del síntoma, la apuesta es caso por caso, privilegiando el detalle, la singularidad, es decir el modo en que cada uno responde a su malestar.  Es a través de la construcción de un relato, de la localización de la contingencia y su relación con otros sucesos de su vida que el paciente empezará hacer propia la urgencia y sus dichos. Nuestro horizonte es alojar al sujeto en urgencia, uno por uno, localizando las coordenadas en las que la irrupción sintomática aparece. Para eso será necesario la construcción de un Otro, en donde tanto el  Hospital como Institución y el practicante ofrecen un lugar (vacío) a quien dirigirse, a quien enlazarse,  en donde el paciente pueda desplegar su decir y otorgarle un sentido único a aquello que se presenta como sin sentido. Es así que se puede pensar “una Institución para cada síntoma”.

            La ética con la que nos orientamos subyace a una práctica que va en contra de un movimiento de reducción del sujeto a lo meramente clasificatorio (consumo, impulsividad, trastornos, etc.). Estas clasificaciones solo reenvían a una posición donde la singularidad del sujeto queda borrada. La lógica con la que trabajamos e intervenimos es la de, mediante el alojamiento de la palabra, restituir un estatuto de sujeto. En "Televisión"[3] Lacan define el Bien decir como "el deber de reconocerse en el inconsciente, en la estructura". Situar el Sujeto en los efectos de la combinatoria significante para producir en el decir, algo de lo real, eso que orienta la cura.

 

USO SINGULAR DE LOS DISPOSITIVOS. ESTRATEGIAS. INTERVENCIONES. CONTROL.

Para dar cuenta del uso singular de los dispositivos en el caso por caso, tomaremos como punto de partida lo que plantea Eric Laurent cuando propone a las instituciones del campo de salud mental y de la medicina lo siguiente: “queremos instituciones… que le den su lugar a la particularidad y que desconfíen de la masificación por identificación. La hipótesis freudiana del inconsciente implica que la particularidad no solo se alcanza respetando los derechos de la persona, lo que es un requisito necesario, sino dejando hablar al sujeto. Primero no hay que hablarlo, o someterlo a la regla, aunque fuera la mejor de las reglas. Para ir en contra de la agregación institucional es menester darle su lugar a la palabra del sujeto. Se necesitan instituciones particulares para darle lugar al inconsciente”. [4] Es posible que el desafío del practicante sea dar un salto cualitativo entre adaptar el reglamento al caso y captar lo que en el caso excede al reglamento, donde se recorte una particularidad.  “Si uno piensa orientarse con las reglas está perdido”[5], uno debe orientarse teniendo en cuenta de que las reglas institucionales existen, pero hay que saber hacer con dichas reglas; hay que saber actuar con las reglas sin perder de vista que hay un sujeto que sufre y que viene a consultar.

                        La apuesta es a la palabra, intentando que el sufrimiento pueda ser subjetivado pero sin perder de vista como horizonte, que podrá funcionar para cada quien y en cada vez. Es decir el modo que cada uno puede hacer con lo real que no cesa de no inscribirse.
             

Contamos en el servicio con un espacio de control, práctica que atraviesa los diferentes dispositivos.  Hay supervisiones individuales y también  supervisiones específicas para el dispositivo de internación. Este espacio es esencial en tanto permite pensar obstáculos, preguntas, diagnósticos, para orientar la cura. Lo que lo caracteriza es que se encuentra atravesado por la tensión entre el trabajo múltiple de la lógica colectiva y el trabajo individual de los que día a día  realizan el seguimiento de los pacientes. Tal como sucede con el pase diario de pacientes. En este caso la supervisión deja como saldo la importancia de armarle al paciente un “cuerpo” que le funcione como lazo. Esto no será sin el cuerpo del analista, que se prestará cada vez, a cada encuentro. No será tampoco sin el marco de una Institución que aloje su síntoma. Las intervenciones tendrán entonces también como orientación el que el Hospital como Institución ocupe una posición de Otro, Otro que aloja y con quien se crea lazo.

 
DEL PASAJE AL ACTO A UN TRATAMIENTO POSIBLE

El objetivo de esta presentación es poder dar cuenta de cómo nos orientamos en el trabajo de los casos de pacientes que ingresan a la guardia tras haber cometido actos graves en donde, fue este mismo acto lo que resolvió algo  del padecer que lo motivó. La dificultad se hace manifiesta justamente en este punto, en donde algo relacionado con el alivio ha tenido lugar después del acto, obstaculizando el acceso a una dialéctica posible. Nada del orden de la angustia pareciera poder rastrearse, una aparente desafectividad tiñe el discurso y la contundencia del acto queda desdibujada. ¿Qué ha sucedido con la certeza absoluta de la angustia? Pareciera que ha sido el acto mismo lo que ha ido en desmedro de aquello. En palabras de Lacan “actuar es arrancarle a la angustia su certeza”[6]. El pasaje al acto tiene, según Lacan, el dejar caer del sujeto como correlato esencial. Esto sería así en tanto el sujeto aparece borrado al máximo, se precipita y bascula fuera de la escena. Queda caído como sujeto historizado, arrojado al mundo.[7]

EL MOTOR DE NUESTRA PRÁCTICA

Teniendo en cuenta lo expuesto hasta el momento nos preguntamos qué es lo que permite y sostiene el trabajo diario en el servicio. Que es lo que hace que un practicante escuche día tras día el padecimiento del que consulta.

Lo que motoriza nuestra práctica es el deseo del analista. Entendiendo que este deseo no tiene como horizonte un ideal de querer curar. Se trata de una función, vaciada de la persona del analista. Es el espacio que ofrece el practicante  para alojar el sufrimiento del paciente, brindando un lugar para que se despliegue el decir y la creación de un sentido singular, un sentido único ante el sin sentido con el que llega el paciente.

Lo que permite que esta función se ponga en forma es la transferencia. La transferencia no es, aquí, la sombra de algo vivido antes. El efecto de transferencia es ese efecto de engaño que se repite en el aquí y el ahora en tanto el deseo del analizante está sujeto al deseo del analista.

 

 BIBLIOGRAFIA.

 
·       Belaga, Guillermo: “La Urgencia Generalizada. La Práctica en el Hospital”. Editorial Grama; Buenos Aires; 2004.

·       Belaga, G., Respuestas a lo impolítico de las urgencias subjetivas, en Virtualia # 19, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, noviembre 2009

·       Lacan, El Seminario, Libro 10 “La Angustia” Clase IX “Pasaje al acto y acting out”. Pág.  128. Paidós, Buenos Aires, 2006.

·       Lacan, J., El seminario, Libro 3, Las psicosis, Paidós, Bs. As., 2006.

·       Lacan, J., El seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs. As., 2001.

·       Lacan, J. "Televisión". En Psicoanálisis: Radiofonía & Televisión, Barcelona, Anagrama, 1974.

·       Laurent, Eric; “Psicoanálisis y Salud Mental”; Editorial 3 Haches, Buenos Aires; 2000.

·       Laurent, E., El revés del trauma, en Virtualia # 6, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, junio-julio 2002

·       Miller, J-A., Introducción al método psicoanalítico, Paidós, Bs. As., 1997




[1] Lacan, J., El seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs. As., 2001, p. 81
[2] Lacan, J., El seminario, Libro 3, Las psicosis, Paidós, Bs. As., 2006, pág. 202.
[3] Lacan, J. "Televisión". En Psicoanálisis: Radiofonía & Televisión, Barcelona, Anagrama, 1974.
[4] Laurent, Eric; “Psicoanálisis y Salud Mental”; Editorial 3 Haches, Buenos Aires; 2000. Pág. 86
[5] Laurent, Eric; “Psicoanálisis y Salud Mental”; Editorial 3 Haches, Buenos Aires; 2000. Pág.31
[6] Lacan, El Seminario, Libro 10 “La Angustia” Clase VI “Lo  que no engaña” pág. 88. Paidós, Buenos Aires, 2006.
[7] Lacan, El Seminario, Libro 10 “La Angustia” Clase IX “Pasaje al acto y acting out”. Pág.  128. Paidós, Buenos Aires, 2006.
 
 Trabajo realizado por: 
Cecilia Bauer
Flavia Bottino 
Lorena Canaveri
Romina Coletti
Ayerayen Guerrero 
Soledad Jorge
Maria Eva Leserre
Carina Liñeira
Cecilia Lustig 
Estefania Malecek 
Daniel Melamedoff 
Laura Melamedoff 
Laura Nervi 
Rodrigo Nieto 
Jimena Ortelli 
Laura Virga
 
 
 
 

viernes, 16 de agosto de 2013

Visita de Jorge Alemán al Hospital


Tras la conversación pública que dio el autor el miércoles 14 de agosto en base a sus dos libros de reciente aparición:
 
- Jacques Lacan y el debate posmoderno, Ed. Del Seminario, 2013
- Conjeturas sobre una Izquierda Lacaniana, Grama Ediciones, 2013.


Servicio de Salud Mental

domingo, 11 de agosto de 2013

“La Psiquiatría más allá del paradigma actual”

(British Journal of Psychiatry 2012, 201: 430-434)


¿Qué es lo que hace a un psiquiatra, un “Buen Psiquiatra”? ¿Qué habilidades específicas son necesarias para practicar la “medicina de la mente”? Aunque es imposible responder estas preguntas de manera completa creemos que hay gran cantidad de evidencia de que una buena práctica psiquiátrica requiere comprometerse con las dimensiones no-técnicas de nuestro trabajo como lo son las relaciones, los sentidos y los valores. La Psiquiatría ha sido guiada por un paradigma tecnológico que, aunque no ignora estos aspectos de nuestro trabajo, los ha mantenido como temas secundarios. El imperio de este paradigma se puede observar en la importancia que le hemos dado a los sistemas clasificatorios, la comprensión del sufrimiento mental mediante modelos causales y el marco de los tratamientos psiquiátricos como una serie de intervenciones específicas que pueden ser analizadas y cuantificadas independientemente del contexto.

En los últimos años este Journal ha publicado una serie de editoriales argumentando que la profesión debería adoptar una identidad incluso más tecnológica y biomédica, y que los psiquiatras deberían enfocarse en el dominio y el conocimiento de la tecnología para lograr progresos en el desarrollo de la investigación cerebral, la genética, la psicofarmacología y la neuroradiología. Esto resuena con los  llamados en Norteamérica a la psiquiatría a convertirse simplemente en una “Neurociencia Clínica”.

Sin embargo, la promesa de beneficios terapéuticos desde las ciencias del cerebro siempre parecen ser para el futuro, lo que lleva a algunos a cuestionar sus contribuciones a los avances en nuestro campo. En efecto, los neurocientíficos mismos se han mostrado más cautelosos en relación al valor de los enfoques reduccionistas para tratar de entender la naturaleza del comportamiento, el pensar, y las emociones humanas. Incluso, existe una gran cantidad de evidencia de que campañas anti-estigma basados en modelos biogenéticos de enfermedades mentales graves han sido contraproducentes.

El creciente enfoque en las neurociencias ha significado que otros importantes desarrollos en la provisión de cuidados y apoyo para personas con problemas de salud mental hayan sido dejado de lado en el transcurso del siglo pasado. Históricamente, estos han sido conducidos principalmente por cambios no-tecnológicos que han promovido el fortalecimiento individual y la  inclusión social. Es ampliamente aceptado que el cierre de los grandes asilos victorianos han mejorado la calidad de vida de los pacientes. Pero esto es resultado, sobre todo, de imperativos económicos combinados con un creciente  entendimiento de los efectos negativos de la institucionalización, más que, como frecuentemente se sugiere, una consecuencia de la introducción de nuevas drogas. Otros desarrollos positivos han resultado del establecimiento de cuidados multidisciplinarios, comunitarios, y el auge del Movimiento de Usuarios de Servicios (service user movement) y el apoyo del sector de voluntarios. Muchos psiquiatras han trabajado de manera exhaustiva para promover estos desarrollos pero el creciente enfoque en aspectos técnicos y biomédicos del cuidado de la salud mental han ayudado a dejar de lado estos esfuerzos.


El Paradigma Tecnológico 

Desde los orígenes de los asilos en el siglo 19, la psiquiatría ha enfrentado una pregunta fundamental: puede una medicina de la mente trabajar con la misma epistemología que una medicina de los tejidos? A lo largo de los siglos 19 y 20, la psiquiatría se apegó rápidamente a la idea de que los problemas de salud mental son mejor comprendidos mediante el  lenguaje o idioma biomédico; que los problemas con los sentimientos, pensamientos, conductas y relaciones pueden entenderse completamente con la misma clase de herramientas científicas que usamos para investigar problemas hepáticos o pulmonares. En décadas más recientes, modelos de psicología cognitiva, como los de “procesamiento de información”, han sido desarrollados para trabajar con este mismo idioma técnico-biomédico. El paradigma tecnológico que ahora guía a la psiquiatría incorpora estas perspectivas, trabaja con una orientación positivista e involucra los siguientes conceptos:

 a) Los problemas de salud mental surgen como mecanismos o procesos de algún modo erróneos, que incluyen eventos anormales fisiológicos o psicológicos que ocurren dentro del individuo.

b) Estos mecanismos o procesos pueden ser convertidos en modelos causales. No son contexto-dependientes.

c) Las intervenciones tecnológicas son instrumentales y pueden ser diseñadas y estudiadas independientemente de las relaciones y los valores humanos.

En el paradigma tecnológico, los problemas de salud mental pueden ser mapeados y categorizados con la misma lógica causal usada en el resto de la medicina, y nuestras intervenciones pueden ser entendidas como una serie de tratamientos, separados y específicos, dirigidos a síntomas o síndromes específicos. Las relaciones, los sentidos, los valores, las creencias culturales no son ignorados, pero toman una importancia secundaria. Este orden de prioridades se ve reflejado en nuestro entendimiento de las necesidades de prácticas de futuros psiquiatras, qué temas son seleccionados para analizar en conferencias, los tipos de investigación que son promovidos y cómo conceptualizamos nuestra relación con el movimiento de usuarios de servicios.

Sugerimos que este paradigma no le ha hecho un bien a la Psiquiatría. Ignorar cuestiones epistemológicas fundamentales en el corazón de nuestros modelos no los hace desaparecer. Más aún, no brinda resultados que se correspondan con las demandas de la MBE. Muchos, dentro y fuera de la profesión, están investigando, buscando preguntas que desafíen la teoría y la práctica actual. Por ejemplo, Marcia Angell, ex editora del NEJM, ha lanzado un serio ataque sobre la orientación y la práctica de la psiquiatría moderna en una serie de críticas literarias el año pasado. El paradigma tecnológico enfatiza una tendencia hacia la medicalización de la vida cotidiana, lo que, a su vez, está asociado con la expansión del mercado de agentes psicotrópicos. Esto ha generado un amplio repudio, inclusive desde el comité de expertos del DSM-IV. Este proceso ha llevado a la corrupción de sectores de la psiquiatría académica mediante su complicada relación con la industria farmacéutica, dañando la credibilidad de la profesión en el proceso.

La psiquiatría ahora enfrenta 2 desafíos que no podemos ignorar. El primero, una creciente cantidad de evidencia empírica que señala la importancia de los aspectos no-técnicos del cuidado de la salud mental. Si somos genuinos cuando promovemos prácticas “basadas en la evidencia”, tenemos que tomar esto seriamente. Segundo, la colaboración real con el movimiento de usuarios de servicios sólo podrá lograrse cuando la psiquiatría esté lista para superar e ir más allá de la supremacía del paradigma técnico. En contraste con la dirección de editoriales recientes, creemos que el progreso sustancial en nuestro campo no vendrá desde las neurociencias o la psicofarmacología (importantes como deben ser) sino que vendrá de una reevaluación fundamental de sobre qué se trata realmente el cuidado de la salud mental y una reconsideración sobre como pueden ser desarrollados el conocimiento genuino y la experiencia en el campo de la salud mental.
 

Evidencia empírica que desafía al paradigma actual 

Muchos de nuestros pacientes se benefician con tratamiento psiquiátrico y mejoran con tratamientos farmacológicos y diferentes formas de psicoterapia. Esto no está en duda. Pero, ¿cómo se producen estas mejoras?

1) Cambio Terapéutico en Depresión y otros trastornos asociados:

Hay fuerte evidencia de que las mejorías en la depresión se deben principalmente a los aspectos no-técnicos de nuestras intervenciones. Meta-análisis recientes de tratamientos farmacológicos para la depresión han demostrado diferencias mínimas en la relación droga-placebo. Incluso en subgrupos de individuos con depresiones más severas, donde las diferencias han sido descriptas como clínicamente significativas, estas siguen siendo pequeñas en términos absolutos y pueden ser simplemente el resultado de la disminución de la respuesta al placebo. El efecto placebo es un fenómeno complejo que involucra experiencias conscientes e inconscientes. Entre otras cosas, promueve un sentimiento de esperanza y sentido, y da la sensación de que esta es la principal forma en que estas drogas actúan. Los efectos psicoactivos de los ADs, como los efectos sedativos de los tricíclicos y la desconexión emocional producido por los IRSS, pueden ser relevantes para su performance en estudios clínicos, y pueden o no ser experimentados como de ayuda por algunos individuos. Sobre todo, la evidencia disponible no apoya la idea de que los ADs funcionan corrigiendo un “desbalance químico” pre-existente.

Dos recientes comparaciones entre TEC real y TEC simulada , también subrayan la importancia de los aspectos no-técnicos de este tratamiento. Rasmussen concluye que “proporciones importantes de los que parecían ser pacientes con trastornos psiquiátricos severos respondieron fuertemente a la TEC simulada”. Ninguno de los estudios analizados por Read y Bentall encontraron diferencias significativas entre TEC real y simulada luego del período de tratamiento. El estudio Northwick Park, considerado por muchos como el estudio controlado mejor diseñado sobre TEC, es citado frecuentemente como haber encontrado evidencia que apoya el uso de la TEC. Sin embargo, no hubo diferencias significativas, durante un período de tratamiento de 4 semanas, entre TEC R y TEC S en los ratings de pacientes y enfermeras. La única diferencia positiva (para un grupo de pacientes percibido sólo por los psiquiatras) desapareció un mes luego del fin del tratamiento. Incluso, luego de 6 meses, hubieron 2 puntos de diferencia en el Score de Hamilton a favor de la TEC S. Es improbable que el estudio, si fuera diseñado y ejecutado hoy en día con los criterios actuales de investigación, pudiera ser presentado como un estudio que apoye el uso de la TEC y es notable que los investigadores, incluso cuando se realizó, concluyeron que: “muchas depresiones, incluidas las severas, pueden tener una evolución satisfactoria si reciben cuidados médicos y de enfermería intensivos incluso si no se dan tratamientos físicos”.

Conclusiones similares emergen desde la literatura de la psicoterapia. La TCC es la forma de psicoterapia más promocionada hoy en día. Sus seguidores argumentan que funciona rectificando cogniciones erróneas que se cree causan depresión. Sin embargo, varios estudios demostraron que la mayoría de los aspectos específicos de la TCC pueden ser prescindidos sin afectar negativamente la evolución del cuadro. Una revisión exhaustiva de estudios de los diferentes componentes de la TCC concluyó que “hay muy pequeña evidencia que intervenciones de TCC incrementan significativamente la efectividad de una terapia”.

La evidencia de que factores no específicos, en oposición a técnicas específicas, significan casi la totalidad de los cambios en terapia es apabullante. En su revisión de la evidencia sobre la efectividad de la psicoterapia, Budd y Hughes describen que “no ha surgido ningún patrón claro o superioridad de los diferentes tratamientos”. Cooper provee una revisión actualizada y un análisis de la investigación empírica sobre psicoterapia en general. Lo que se concluye de la evidencia es que factores no específicos (eventos extra terapéuticos, variables de relación y efectos placebo) dan cuenta de aproximadamente 85 % de la variabilidad en los resultados terapéuticos a lo largo del campo de la psicoterapia. En particular, la relación entre la alianza terapéutica y la evolución parece ser extraordinariamente fuerte entre todas las diferentes presentaciones clínicas y las modalidades de tratamiento. La falta de efectividad marcada por el uso de técnicas específicas no está limitado a los ámbitos de la investigación. Por ejemplo, en una revisión de 500 casos tratados en una variedad de lugares del RU, no hubo una variabilidad significativa en la evolución que pudiera ser atribuida al modelo psicoterapéutico utilizado, mientras que sí lo demostraron factores no específicos como la relación terapéutica. Esto ha causado cierta dificultad en el desarrollo de guías terapéuticas nacionales.

 2) Mejoría en enfermedades mentales severas:

Hay una creciente apreciación de que una mejoría personal significativa de un trastorno mental severo no está necesariamente relacionado con los tratamientos específicos prescriptos. La investigación ha señalado la importancia de la alianza terapéutica en la evolución de estos cuadros.

Otros han señalado la importancia del autoestima y de un “locus de control interno”. Parece ser que la creación de un contexto terapéutico que promueva el fortalecimiento y la conectividad y que ayude a reconstruir una identidad positiva es de gran importancia.

El concepto de recuperación se encuentra todavía en desarrollo. Existe evidencia que revela que en lugares y comunidades no occidentales los pacientes se recuperan de enfermedades mentales severas de varias formas diferentes, lo que señala la crucial importancia de respetar la diversidad del trabajo de la salud mental, tanto teórica como terapéuticamente.

Al mismo tiempo, es cada vez más reconocido que intervenciones terapéuticas específicas, como los fármacos, tienen un impacto limitado en la carga final de los trastornos mentales severos. Un meta-análisis de ensayos clínicos controlados randomizados investigando la efectividad de APs de 1ra y 2da generación encontró que, como mucho, las mejorías vistas en ratings de 2 escalas diferentes fueron “desalentadoramente limitadas”. Aunque los autores advirtieron en contra de la conclusión de que los APs tienen “efectos insignificantes en la práctica clínica”, dados sus hallazgos, y los de otros grupos de investigación, esa conclusión no parece poco razonable. La excesiva dependencia de la psicofarmacología como primera respuesta a los trastornos mentales severos creó las condiciones para una ceguera frente a los serios efectos adversos de algunos psicotrópicos, y por una vergonzosa confabulación con campañas de marketing de la industria farmacéutica que vendió la ilusión de mayor innovación en drogas APs. Los supuestos avances terapéuticos fueron, de hecho, “espúreos”. Como remarcó Kendall recientemente “la historia de los APs de 2da generación no es la historia del descubrimiento clínico y el progreso, es la historia de la fabricación de clases, del dinero y el marketing”. Estas drogas están asociadas al incremento del riesgo cardiovascular. Estos efectos iatrogénicos fueron citados como una de las razones por las que se produce un descenso en la expectativa de vida de pacientes con enfermedades mentales.

El balance de la evidencia no apoya la idea de que los problemas de salud mental son mejor comprendidos mediante un lenguaje técnico o que el buen trabajo en salud mental se caracterice como una serie de intervenciones individuales. Esto no quiere decir que el conocimiento y la experiencia médicas no son relevantes, sino vitales, en el campo de la salud mental. Kirmayer y Gold dijeron recientemente “definir la psiquiatría como una neurociencia aplicada valoriza el cerebro pero nos lleva a una disciplina que es al mismo tiempo mecánica e inculta”. Necesitamos desarrollar un enfoque de los problemas de salud mental que sea genuinamente sensible al complejo interjuego de fuerzas (biológicas, psicológicas, sociales y culturales) que los subyacen y que puedan ser utilizados terapéuticamente. La evidencia está siendo cada vez más clara en que para mejorar la evolución de nuestros pacientes, tenemos que enfocarrnos más en los contextos, las relaciones y la creación de servicios donde son priorizados la promoción de la dignidad, el respeto, el sentido y el compromiso.

Debemos mostrarnos más cómodos con la diversidad cultural, la auto-dependencia del usuario y el apoyo de los pares.
 
Colaboración con el movimiento de usuarios de servicios
 
Aunque los pacientes con enfermedades mentales vienen persiguiendo colectivamente metas desde el siglo 17, no fue hasta los 1980s que surgieron organizaciones de usuarios efectivas para este fin. Desde entonces el ascenso del movimiento fue rápido. Solo en el RU, está estimado que existen al menos 300 grupos con aproximadamente 9000 miembros. El movimiento de usuarios de servicios es ahora mundial, con organizaciones creadas por usuarios de servicios consultados por gobiernos nacionales, OMS, ONU y WPA.
A pesar de que algunos usuarios están felices de definirse a sí mismo y sus problemas mediante una estructura de tratamiento biomédico, muchos otros no. Estos grupos e individuos poseen una variedad de puntos de vista, pero están generalmente unidos por el rechazo al marco tecnológico de su tratamiento y el modo que define sus problemas mediante una lógica y un vocabulario de expertos. Un buen ejemplo es The Hearing Voices Network. Este surgió en Holanda a finales de los 80s, luego de haber sido iniciado por el psiquiatra Marius Romme. Se ha desplegado todo a lo largo de Europa y América mediante el esfuerzo de las personas que escuchan voces. El HVN no la única organización de apoyo de pares pero también ofrece otra forma de entender y responder al “escuchar voces”. Otras organizaciones, como la Mind Freedom International y el Icarus Project no solo ofrecen apoyo entre pares, sino que además desafían el marco psicopatológico dominante. Así, gran cantidad de grupos del movimiento de usuarios de servicios buscan re-enmarcar sus experiencias de trastornos mentales, su angustia, su alienación convirtiéndolos en problemas humanos, más que técnicos.
 
Conclusión
 
La psiquiatría no es neurología, no es una medicina del cerebro. Aunque los problemas de salud mental sin lugar a dudas tienen una dimensión biológica, en su propia naturaleza sobrepasan el cerebro para alcanzar dimensiones sociales, culturales y psicológicas. Estas no pueden siempre comprenderse mediante la epistemología de la biomedicina. La vida mental de los humanos es discursiva en su propia naturaleza. Como lo expusieron Harré y Gillet “debemos aprender a ver la mente como el punto de encuentro de una variedad de influencias estructurales cuya naturaleza sólo puede ser pintada en un lienzo más grande que el provisto por el estudio de organismos individuales”. Los modelos reduccionistas no logran comprender qué es lo más importante en términos de recuperación. La evidencia nos dice que necesitamos un cambio radical en el entendimiento de lo que está en el corazón (y quizá en el alma) de la práctica de la salud mental. Si vamos a operar de una forma basada en la evidencia, y a trabajar de manera colaborativa con el movimiento de usuarios de servicios, necesitamos una psiquiatría que esté intelectual y éticamente adecuada para enfrentar los problemas que se presenten. Así como es necesario agregar ciencias sociales y humanísticas al curriculum de nuestros practicantes necesitamos desarrollar una sensibilidad diferente hacia la enfermedad mental y una comprensión diferente de nuestro rol como médicos. No estamos buscando reemplazar un paradigma por otro. Una psiquiatría post-tecnológica no abandonará las herramientas de la ciencia empírica ni rechazará técnicas médicas o psicoterapéuticas pero sí empezará a posicionar como principales a los aspectos éticos y hermenéuticos de nuestro trabajo, resaltando así la importancia de evaluar valores, relaciones, políticas y las bases éticas del cuidado de la salud mental.
Semejante cambio va a tener grandes consecuencias para nuestra prioridad a la hora de investigar, las habilidades que le enseñamos a nuestros practicantes, la clase de servicios que queremos desarrollar y el rol que jugamos en el manejo del riesgo. Esto representa un desafío sustancial, pero excitante, para reconocer lo que mejor sabemos hacer. Siempre vamos a necesitar nuestros conocimientos del cerebro y el cuerpo para identificar causas orgánicas que generen alteraciones mentales. También vamos a necesitar conocimiento de psicofarmacología para llevar alivio para ciertas formas sufrimiento. Pero la buena psiquiatría involucra compromiso activo con la naturaleza compleja de los problemas de salud mental, un escepticismo saludable frente al reduccionismo biológico, tolerancia frente a la naturaleza complicada de las relaciones y los sentidos y la habilidad de negociar estas cuestiones de una forma que fortalezca a los usuarios de servicios y sus cuidadores. Así como las habilidades quirúrgicas están en el corazón de la buena práctica de la cirugía, la habilidad de trabajar en varios niveles del conocimiento y con varios sistemas de sentido están en el corazón de nuestro trabajo. Nunca tendremos una ciencia biomédica similar a la hepatología o la medicina respiratoria, no porque seamos malos médicos, sino porque las cuestiones que tratamos son de diferente naturaleza.
Entender la insustituible contribución que la psiquiatría hace al cuidado de la salud puede incrementar nuestra importancia para el resto de la medicina. Todas las formas de sufrimiento involucran capas de historia personal, que encajan en un nexo de relaciones significativas que están, a su vez, sumergidas en sistemas políticos y culturales. Kleinman y Van der Geest han criticado el modo en que la medicina en general se ha convertido en “asistencia de salud” en términos puramente técnicos. De manera similar, Heath ha señalado la importancia de las relaciones en la comprensión de la práctica médica en general. La psiquiatría tiene el potencial de ofrecer liderazgo en esta área. Retirarse a una identidad aún más biomédica no solo perjudicará a los pacientes, sino que además supone el riesgo de conducir a la profesión por un único camino angosto, cuando lo que se necesita es apertura hacia otras rutas alternativas.