miércoles, 24 de diciembre de 2008

FELICIDADES!


Que el 2009 sea un buen encuentro!!!
Guillermo




"...La primera vez de cualquier cosa debiera venir después de unas cuántas. Yo no lo pensé, y me dirigí sin ensayo a la señorita que pasaba (para que una señorita pase es preciso estar sentado a una mesita de bar de las que en verano se salen a la vereda: allí estaba yo y en ese mismo bar) y le dije esta sola palabra: "Leve como velo de nube del pincel de Figari; bella como acertar con un asiento lleno de uno mismo en un tranvía lleno de otros; ojos negros como la pena del que no los ha visto, ¿por qué tu andar te aleja de mí si bastaría detenerlo para que la latitud de nuestra separación cesara de crecer?..."
-extracto de una poesía de Macedonio Fernandez-

jueves, 11 de diciembre de 2008

JORNADAS DE PSICOANÁLISIS APLICADO EN EL HOSPITAL CENTRAL DE SAN ISIDRO



JORNADAS DE PSICOANÁLISIS APLICADO
EN EL HOSPITAL CENTRAL DE SAN ISIDRO



“Las respuestas a la segregación”

Hacia el IV Encuentro Americano del Campo Freudiano

Viernes 8 de mayo de 2009
8 a 17 Hs.


Ejes:

-Del síntoma social al síntoma particular

-La formación del practicante y los efectos de control

-Los dispositivos institucionales


Presentación de trabajos:

Extensión: 8000 caracteres
Fecha presentación abstract 9/3/2009
Fecha presentación trabajo final 30/3/2009

Informes:

http://saludmentalsanisidro.blogspot.com/

Consultas y envíos abstract y trabajos:

saludmentalhsi@gmail.com





Organización Servicio de Salud Mental Hospital Central de San Isidro


Av. Santa Fé 431- San Isidro- Pcia. de Buenos Aires


lunes, 27 de octubre de 2008

Estructura psicótica y transferencia


“Padre es el que te dice que cosas hay que hacer en esta vida, adonde dirigirse, qué está bien y qué esta mal…Madre es la que te llena la cabeza de cosas que no sirven para nada, pero que cuando te las acuerdas te hacen reír…”Cita de Pilar Miró en la película Werther, tomada del libro de Elida Fernández “Las psicosis y sus exilios”

Para el psicoanálisis las estructuras psicóticas, como tales, suponen un orden lógico Si lo comprendemos podremos orientarnos en su tratamiento. Las situamos dentro de los hechos del lenguaje, por ello guardan una unidad con las neurosis y también una diferencia. Decir que el psicótico esta en el lenguaje es decir que no está dentro de un caos, sino dentro de lo que llamaríamos un “Orden de Sujeto” Orden trastornado si se quiere respecto al de la neurosis, pero un orden al fin, de ahí su lógica y su posibilidad de tratamiento.
Por invalidante que la locura pueda ser respecto de los lazos sociales la postulación del psicoanálisis es no considerarla un déficit de los aparatos del cuerpo. Que sea un fenómeno de sujeto implica que el sujeto en cuestión tiene derechos, responsabilidades, y trabajo por hacer. Habría lugar para alguna cura.
Lacan propone una hipótesis causal para las psicosis: La operación que organiza esas estructuras es la forclusión del Significante del Nombre del Padre y no la castración-represión como en las neurosis
Que sea una hipótesis causal quiere decir que no es en si mismo un observable pero sí las consecuencias que se desprenden de esto, y estamos directamente en la clínica.
La ausencia de metáfora tiene consecuencias en distintos planos:
1) En la estructura formal del síntoma 2) en la fijeza del sentido y la imposibilidad de dialectizar. Freud: palabras cosas.3) imposibilidad de asumir el significante padre a nivel simbólico. 4) Vacío en el sentimiento íntimo de la vida, por ausencia de significación de sujeto, con apatía y sensaciones de nada que varían en el como en cada psicosis.4) Ausencia en la regulación del goce. 5) El rechazo a la castración, supone la ausencia de alguna falla que articule la sexuación. como consecuencia encontramos el Empuje a la mujer. Explico.
La estructura formal del síntoma: En la neurosis el síntoma no se muestra sino es a través del desciframiento que es la interpretación. En la psicosis, en cambio, el síntoma se muestra a cielo abierto. Se trata de “los fenómenos de lenguaje”.
El significante se desgaja del sentido y va solo, en cascada o en asociación por asonancia, estribillos etc. Algo interrumpe los pensamientos, la motilidad o las sensaciones de un sujeto, y aunque eso que lo interrumpe carece de tema o de idea, él sujeto siente que lo alude igualmente. Y todo esto esta a la vista.
2) Lo que se dice es lo que es. Y ya estamos pudiendo comprender a Freud con su concepto de las palabras- cosas o representación cosas en la psicosis.
Para que una palabra sea un significante tiene que poder producir distintas significaciones en contraposición con otras palabras en los dichos de los pacientes. Permitiría producir distintos efectos de enunciación (a través de metáforas y metonimias). Dicho en criollo: cuando la cadena significante funciona como tal las palabras quieren decir cosas muy distintas de acuerdo a como estén vinculadas con las que vienen antes y después.
Esto, como dijimos, no se escucha en las estructuras psicóticas. Lacan lo nombra cuando dice que el psicótico esta dentro del lenguaje pero fuera de discurso. No solamente no hay significación fálica, compartida, sino que se pueden desarticular las reglas gramaticales propias de la lengua.
Pac. Salvador: si bien el delirio es muy dinámico y se acomoda a las circunstancias para sostenerse, repitió el esquema básico con todos exactamente igual: un hijo que se transforma en mujer, con menstruación y todo. Un padre a quien no de autoridad arbitrario a quien no le gusta lo ocurrido con su hijo y no quiere que se sepa. Él que vio y sabe. El padre, que sabe que él sabe y lo persigue para matarlo. Es decir, un padre, armado con retazos, que se vuelve muy poderoso con el delirio, que reproduce continuamente el fracaso de hacer e él un padre muerto.
Freud opone la relación a la madre como relación a los sentidos, y la relación al padre con relación al sentido. Distingue sensorialidad materna y significación paterna. En ese sentido la cita del inicio alude a que la madre como función. Esta puede ser no solamente el cocodrilo que puede tragar a un niño en su deseo, o lo considera como un órgano propio, sino también aquella que con sus cuidados libidiniza el cuerpo poniendo el acento en la limpieza, el cuidado, el abrigo, y permite el sentimiento de que el cuerpo es propio. Quienes atienden psicóticos saben que la suerte de cada uno de ellos también depende de cuanta función materna haya habido más allá de la falla en la paterna. Esta función puede faltar, ya que no es un hecho natural que un ser viviente sea colocado en el estatuto de hijo, porque hijo es un significante correlato de lo materno y lo paterno.
3) Otra consecuencia directa de la forclusión del Nombre el Padre, es que un sujeto queda imposibilitado de asumir la realización del significante padre a nivel simbólico. Tenemos como ejemplo conocido el caso Schreber donde el desencadenamiento de su paranoia sucede a continuación de su nombramiento como jefe del tribunal puesto de gran responsabilidad simbólica, social y personal. Debe responder como tal, como nombre, y no tiene ese recurso simbólico. Desencadenamiento del brote.
Cabe aclarar que hay modos de suplir esa función y eso nos explica como hasta el momento del desencadenamiento encontramos una suerte de equilibrio. Por ejemplo: alguien puede quedar enganchado a la función paterna solamente por la vía de la imagen. Si bien es una imagen que no se inscribirá en una dialéctica triangular, puede servirle de modelo, de enganche, Es una mimesis. ( personalidades como si) Es una compensación imaginaria de esa función edípica ausente. Esa imagen ha funcionado como suplencia del significante del nombre del padre hasta el momento en que eso ya no alcanza.
4) Por la ausencia de identificación primaria, ausencia en la significación del sujeto, se produce un vacío y un desorden en la “articulación más íntima del sentimiento de la vida” al decir de Lacan. Schreber lo llama “asesinato del alma”.
El resultado es la inercia, y falta de subjetivación. En la melancolía, sobre todo, lo encontramos como desvitalización y dolor de existir. En la esquizofrenia mecanización y lenguaje de órgano. Todos estos sentimientos y conductas que pueden ser confundidos con la depresión, pero no lo es. Son producto del vacío de significación en la constitución subjetiva.
5) La ausencia en la regulación del goce: Se producen fenómenos de goce desenfrenado, muy sufrientes y difíciles de acotar. En una instancia segunda con la elaboración delirante que parcializa el goce, este puede remitirse a un aspecto de la vida psíquica solamente.
Es difícil para nosotros neuróticos que pensamos en metáforas, ubicarnos en como hablan o mejor dicho en como reaccionan los psicóticos ante los efectos del lenguaje. En el momento de desencadenamiento de la psicosis podríamos trazar una serie que: parte del enigma, pasa por la perplejidad, y deviene luego certeza. Enigma frente al llamado de un significante que lo remite a lo que no puede responder. Recordemos una frase de Lacan que dice que al psicótico el Otro le habla en una lengua extraña, extranjera.
Perplejidad como efecto subjetivo, momento de indeterminación de que soy yo para el Otro y certeza como un modo de resolver algo allí.
6) Aparece este empuje a la Mujer, con mayúscula, ausente en las neurosis y producto de la ausencia de toda falta que articule la sexuación. Queda fuera del sexo. Este La es un intento de hacerle falta al otro. Por Ejemplo si a Dios. le falta una mujer es porque le falta algo. Es un intento restitutivo de agujerear al Otro. En su lugar, aparece un goce transexual, delirante pero que no tiene que ver con una elección de objeto homosexual, no confundirse, sino con el efecto de no castración. Los delirios de ser una virgen, o la mujer de dios, nos indican esa dirección en el goce.
7) Aunque Freud separó las psiconeurosis narcisisticas de las de transferencia, suponiendo entonces que no habría transferencia en la psicosis, a la vez marcó como segundo desencadenante de la psicosis de Schreber la transferencia con Fleschig. Que la transferencia sea diferente a la neurótica, solo la hace eso diferente. Sin contar con la transferencia no podremos explicar porque los psicóticos siguen viniendo al consultorio. Comento un fragmento con un pac hace muchos años ya.
Era un joven ya, diagnosticado en su momento como una psicosis infantil. A poco de venir manifiesta querer estar con una chica. El era muy lindo y las mujeres le daban bolilla. Una chica, una chica, repetía. Yo era su primer analista mujer. Quiero estar con una chica, ¿cómo hago Factorovich? Reiteraba en las sesiones esta pregunta y luego empezó a pensar en como haría, donde iría, a estar con una chica, con que plata etc. Finalmente me llama una noche muy tarde en que yo dormía y me dice: ya estoy en un telo. Y ahora que hago Factorovich? Yo: que haces en el telo? Estar con una chica no? El: No sé, estar con una chica sí pero ¿qué? Me aburro. Digo: No sé, no se me ocurre que podes hacer ¿y a vos? El agrega jubiloso: Ya sé, mirar- la- telo que esta acá. Es una chica no una grande ¡Yo: si es buena idea! El: Telo digo mañana. Yo: hasta mañana.
Lacan indica a los analistas ocupar el lugar de otro minúsculo, un amigo, alguien que no sabe y puede escuchar lo que el psicótico le puede confiar porque el saber y la certeza lo tiene él. El lugar en que me puse de no saber que podía hacer y que no, no fue forzado. Porque, neurosis propia de por medio, ¿cómo explicaría lo que se puede hacer en un telo?
No contesté cómo hacer, no respondí a su demanda de llenar el vacío de significación .El cuerpo, la mirada y la voz de los analistas están en juego en esos tratamientos. Sino ¿para que me llamó?
La transferencia no está sostenida en la disparidad subjetiva que plantea Lacan en el seminario de la transferencia. Se trata más bien de un modo de amistad no sostenido en la semejanza ni en la especularidad, es una relación la prójimo, más que al semejante.
Por último:
En la esquizofrenia el así llamado lenguaje de órgano nos remite a lo que Lacan nombro como significante en lo real. No hay una distancia entre las palabras y sus referentes. No es un cuerpo erógeno, es un cuerpo de órganos sin velo. Ejemplo: Dice una analista a su paciente que entra y la mira con bronca agitando las manos: ¿estás enojado? Y el paciente responde como deletreando: eso en-ojado. Se me salió un ojo en la calle porque se me cortó el hilo que une la cabeza ves?





sábado, 18 de octubre de 2008

Problemas actuales Clínica y Tratamiento Las ESQUIZOFRENIAS III JORNADAS

Problemas actuales
Clínica y Tratamiento


Las ESQUIZOFRENIAS

III JORNADAS

22 de octubre de 2008


ORGANIZADORES
Dr. Guillermo A. Belaga
Hospital Central de San Isidro
Dr. Juan Cristóbal Tenconi
Carrera de médico especialista
en Psiquiatría. UBA

Hospital Central de San Isidro

Lugar: Aula de Conferencias
Horario: de 8 hs. a 13,30hs.

Avda. Sta. Fe 431 – San Isidro –
Informes: 4512 6737
http://saludmentalsanisidro.blogspot.com/

ORGANISMOS AUSPICIANTES
Carrera de médico especialista en Psiquiatría (UBA) - Hospital Central de San Isidro - Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (INEBA) - Capítulos de: Interconsulta y Psiquiatría de Enlace, Historia y Epistemología, Psicofármacos, Violencia y Salud Mental, de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

III Jornada “Problemas actuales. Clínica y Tratamiento” Tema: Las Esquizofrenias Hospital Central de San Isidro 22 de octubre de 2008

III Jornada “Problemas actuales. Clínica y Tratamiento”
Tema: Las Esquizofrenias

Hospital Central de San Isidro

22 de octubre de 2008

Organismos auspiciantes:
• Carrera de médico especialista en Psiquiatría (UBA).
• Hospital Central de San Isidro.
• Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (INEBA).
• Capítulos de Interconsulta y Psiquiatría de enlace, Historia y Epistemología, Psicofármacos, Violencia y Salud Mental de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).
Organizadores:
• Dr. Guillermo Belaga (Hospital Central de San Isidro).
• Dr. Juan Cristóbal Tenconi (Carrera de médico especialista en Psiquiatría, UBA).

Actividades:
8.00 hs. Inscripción.
8.30 hs. Apertura..
o Dr. Juan Cristóbal Tenconi
o Dr. Guillermo Belaga
9.00 hs. a 10.15 hs. Modelos comprensivos
Presidente: Dr. Juan Cristóbal Tenconi
Disertantes:
Dr. Juan Carlos Stagnaro. “Historia del concepto”
Dr. Jorge Garramuño. “¿Es la esquizofrenia en realidad la demencia precoz?
Dr. EmilioVaschetto “El debate de los diagnósticos”
Dra. Liliana Zaremsky “Déficit o producción subjetiva en la psicosis”

10.15 hs. Pausa - Café.

10.30 hs. a 11.45. hs.
Presidente: Dra Lisa Erbin
Disertantes: Los Tratamientos psicoterapéuticos posibles. Lazos institucionales y sociales.
Dra. Ana Vaernet. “Abordaje cogntivo conductual de las esquizofrenias”
Licenciadas Irene Kuperwajs y Patricia Factorovich. “Estructura y transferencia”.
Dr. Gustavo Guardo. “Abordaje psicosocial”
Dr. Guillermo Belaga “Síntoma y lazo social”

11.45 hs. a 13.00 hs. “Terapéuticas II. Un caso clínico y tratamiento farmacológico.
Presidente: Dra. Lía Ricon
Disertantes:

Dr Sergio Halsband. “Neurobiología de la esquizofrenia. Mecanismo de acción de los antipiscóticos”
Dr. Ruben Barenbaum “Tratamiento farmacológico de la Esquizofrenia”
Dr. Lía Ricon: “A propósito de un caso tratamiento psicoanalítico y farmacológico”

13.15 hs. Cierre de la Jornada.
• Dr. Guillermo Belaga

Actividad no arancelada.
Lugar: Hosp. Central de San Isidro.
Av. Santa Fe 435 (San Isidro). Aula de conferencia.
Informes: Servicio de Salud Mental, 4512-3767.
http://saludmentalsanisidro.blogspot.com/


"Condiciones del amor"

Clase del 24/09/2008, a cargo de Raúl Solari
Tema: El amor.
A partir de ciertas condiciones, que podríamos llamar "Condiciones del amor".

Voy a comenzar a transitar el recorrido que preparé, para compartir con ustedes, con una cita del texto "Fragmentos de un discurso amoroso", de Roland Barthes.

"Bajo una impresión nocturna, me despierto, languideciendo ante un pensamiento feliz: "X… estaba adorable, anoche". ¿Es el recuerdo de qué? De lo que los Griegos llamaban la charis: "el brillo de los ojos, la belleza luminosa del cuerpo, el resplandor del ser deseable"; quizás incluso, exactamente como en la charis antigua, añado aquí la idea - la esperanza – de que el objeto amado se entregue a mi deseo.
Por una lógica singular, el sujeto amoroso percibe al otro como un Todo (a semejanza del París otoñal) y, al mismo tiempo, ese Todo le parece aportar un remanente, que él no puede expresar. Es todo el otro quien produce en él una visión estética: le loa su perfección; se vanagloria de haberlo elegido perfecto; imagina que el otro quiere ser amado, como él mismo querría serlo, no por tal o cual de sus cualidades, sino por todo, y este todo se lo concede bajo la forma de una palabra vacía, puesto que Todo no podría inventariarse sin disminuirse: en ¡Adorable! Ninguna cualidad cabe, sino solamente el todo del afecto. Sin embargo, al mismo tiempo que adorable dice todo, dice también lo que le falta al todo; quiere designar ese lugar del otro al que quiere aferrarse especialmente mi deseo, pero tal lugar no es designable; de él no sabré jamás nada; mi lenguaje tanteará, balbucirá siempre en su intento de decirlo, pero no podré nunca producir más que una palabra vacía, que es como el grado cero de todos los lugares donde se forma el deseo muy especial que yo tengo de ese otro (y no de otro cualquiera).
Encuentro en mi vida millones de cuerpos; de esos millones puedo desear centenares; pero, de esos centenares, no amo sino uno. El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo.
Esta elección, tan rigurosa que no retiene más que lo único, constituye, digamos, la diferencia entre la transferencia analítica y la transferencia amorosa; una es universal, la otra específica.
Han sido necesarias muchas casualidades, muchas coincidencias sorprendentes (y tal vez muchas búsquedas), para que encuentre la Imagen que, entre mil, conviene a mi deseo. Hay allí un gran enigma del que jamás sabré la clave: ¿por qué deseo a Tal? ¿Por qué lo deseo perdurablemente, lánguidamente? ¿Es todo él lo que deseo (una silueta, una forma, un aire)? ¿O no es sólo más que una parte de su cuerpo? Y, en ese caso, ¿qué es lo que, en ese cuerpo amado, tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, tal vez increíblemente tenue, qué accidente? ¿El corte de una uña, un diente un poco rajado, un mechón, una manera de mover los dedos al hablar, al fumar? De todos estos pliegues del cuerpo tengo ganas de decir que son adorables. Adorable quiere decir: éste es mi deseo, en tanto que es único: "¡Es eso! ¡Es exactamente eso (lo que yo amo)!". Sin embargo, cuanto más experimento la especificidad de mi deseo, menos puedo nombrarla; a la precisión del enfoque corresponde un temblor del nombre; la propiedad del deseo no puede producir sino una impropiedad del enunciado. De este fracaso del lenguaje no queda más que un rastro: la palabra "adorable" (la correcta traducción de "adorable" sería el ipse latino: es él, es precisamente él en persona)."

La revista VIVA que forma parte de la edición dominical del diario Clarín del 07/09/2008 incluyó en la sección de humor "Los elegidos de Quino" un cuadro en donde aparecía una docena de parejas que bailaban entre las cuales se destacaban dos.
Una de las mujeres le decía al señor que la acompañaba y refiriéndose a los otros: "Nunca tuvieron una relación fácil, pero que se quieren… ¡¡Se quieren!! Se veía a los otros tomándose del cuello, en posición de ahorcar al otro respectivamente.

De las consultas que recibimos una proporción muy importante en número, lo hace en función de problemas de relación, más o menos específicos.
El tema es evidentemente y excesivamente amplio, razón por la cual voy a intentar referirme de algún modo a la pareja y al amor.

En Grecia los hombres se casaban para asegurar la descendencia. Al considerar a las mujeres como seres inferiores, reservaban el amor para los jóvenes varones, de entre 15 y 20 años. La sociedad romana era bastante permisiva. El poeta Ovidio escribió "El arte de amar", una especie de manual erótico destinado tanto a hombres como a mujeres. Por el contrario, la Edad Media se caracterizó por las severas restricciones a la actividad sexual. En esta época nació el "amor cortés", basado en la adoración platónica de la mujer y origen de los modernos galanteos, cortesías y caballerosidades. Con la consolidación de las monarquías europeas llegaría el tiempo de las intrigas palaciegas y las aventuras galantes de la ociosa nobleza que animaba las cortes. En contraste con esta vida lujuriosa, la ascendente burguesía se dedicó a cultivar una moral puritana y discreta.

Estuve leyendo un libro de Arlette Farge que es "Efusión y tormento", un relato de los cuerpos - historia del pueblo en el siglo XVIII, se refiere específicamente a Paris, de editorial Katz. Dice que hay que conservar la mesura cuando se habla de esa cosa a menudo enigmática que es el sentimiento entre el hombre y la mujer, que se desplaza entre la seducción y la sexualidad y que, a veces, pasa por el amor y el matrimonio. El amor es el gran tema del siglo XVIII. A la gente le preocupa el hecho de que éste siempre pueda conservar el placer mezclado con la seducción, frágil alquimia que se combina con la inquietud, el suspenso y la espera. Se lo llama el siglo libertino, pero está atento a las pasiones del alma. Amar el amor es el romance del siglo, pero las condiciones sociales hacen que, ante éste, no todos tengan las mismas oportunidades, que no adopten ni los mismos gestos, ni las mismas palabras, ni las mismas relaciones de fuerza y que, en una situación de inestabilidad y pobreza, la desigualdad sexual se viva crudamente y el cuerpo de la mujer padezca más violencia física que el hombre.
Finalmente, el siglo XIX vio llegar al Romanticismo, movimiento que se oponía a la racionalidad de la ilustración y defendía lo instintivo, irracional, la pasión amorosa, consagrada en las novelas de Stendhal y Goethe.

Arthur Rimbaud nació a mediados del siglo XIX y fue un revolucionario de la poesía que alguna vez anunció: "¡Hay que reinventar al amor! - El mundo está cambiando y el poema se apresura a cambiar con él. Se fuerzan sus límites para que en el instante del poema aparezca todo el horror y la magia de un nuevo orden.

A una razón.
"Un golpe de tu dedo en el tambor genera todoslos sonidos
y origina la nueva armonía.
Un paso tuyo es la leva de los nuevos hombres
y el principio de su andar.
Tu cabeza gira: ¡el nuevo amor!
Modifica nuestros destinos, acribilla nuestras pestes:empieza por el tiempo,
te cantan los niños.
Engendra, no importa dónde,
la sustancia denuestra suerte y nuestros deseos, te suplican.
Venida desde siempre, tú eres la que irá por dondequiera".

Quiero agradecerle a Verónica Rubens la transcripción de esta viñeta: "Vengo porque estoy triste. Por la tarde me pongo melancólico". El hombre tiene 67 años, es panadero, su mujer murió hace un año y medio. Se le pregunta cuándo empezó a sentirse así: hace un mes y medio.
Alberto vive en la zona norte del conurbano bonaerense, en la compañía de un hijo que se separó recientemente, y su nieto que pasa allí los fines de semana. Cuenta que después de morir la mujer, supo a través de una prima que su novia de la adolescencia había enviudado hacía ya un tiempo. "Le mandé saludos". Y ella lo llamó. Quedaron en verse. "Fuimos al cenar, después tuvimos relaciones", y se siguieron viendo. En la adolescencia vivían los dos en el sur de la ciudad de Buenos Aires, pero en un momento dado él se fue, se mudó al norte, para abrir una panadería. La distancia hizo que se vieran muy poco y ella puso fin a la relación diciendo: "Yo quiero un novio. No quiero una visita".
Alberto está triste, dice, porque en respuesta a una pregunta que le hizo al poco tiempo de empezar a salir, ella manifestó que no quería volver a vivir con nadie. "Lo que pasa es que ella se acostumbró ya a vivir sola: hace 16 años que enviudó, y con el marido no le fue muy bien..."
Se interviene "eso qué tiene que ver?":
A lo que responde: "Sí, yo le dije que los hombres no somos todos iguales".
El hombre relata algo más y dice: "Ella tiene su vida. Y plata no le falta."
Se puntualiza que eso es lo de ella, que vamos a intentar ocuparnos de él. Se le señala que a pesar de que presenta a esta mujer como no necesitando nada, sin embargo fue ella la que realizó el llamado.
"Ella dice que está bien así. Me dice que vayamos despacio, que vamos a ver, que ella así está bien. Yo no me acostumbro a estar solo" y pasa a relatar que ella le presentó a los hijos, y que para ese fin de semana tienen planeado que venga para el norte, que él ya habló con sus hijos, que cuando venga la van a conocer, que van a comer un asado.
"Pareciera que está interesada"
"¿Le parece?"
[…]
"Dígame una cosa: se puede comer el pan de dentro de 5 semanas?"
"Sí" contesta él.
"¿El pan de dentro de 5 semanas?"
"Ah, no..."
"Bueno. Quizás está pasando algo de eso. Para comer el pan, primero hay que amasarlo, no?"
"Y sí, por supuesto".
Se decide derivarlo a un centro periférico cercano a su domicilio. "Este es el nombre y el teléfono de la directora del centro. ¿La va a llamar?"
"¿A quién?... (gesto del admisor). Sí, sí. Y también la voy a llamar a ella, que sabía que hoy venía acá y quiere saber cómo me fue... ¿Le puedo contar algo más?"
"Me parece que ya contó lo suficiente. Acompáñeme que sello la orden"
Fuera del consultorio el hombre dice" ¿Y sabe qué vamos a hacer? Me propuso una luna de miel en la ciudad. Este fin de semana no, el otro, nos vamos a quedar todo el fin de semana en un hotel en el centro...". Se va, sonriendo.

Lo que la casuística nos presenta es que la idea de norma desorienta y que la ausencia de una referencia normativa hace surgir otros índices respecto del conjunto de los casos!
J. A. Miller elige en Barcelona, estudiar el síntoma a partir de la relación de pareja o mejor dicho de "las relaciones de pareja", cuando es el partenaire el que hace síntoma para el sujeto. Es decir, cuando es un partenaire el que concentra para el sujeto lo imposible de soportar. También encontramos otra situación cuando el sujeto se encuentra él mismo como síntoma bajo la mirada del otro, o en la relación con el otro. Y estos modos aparecen, sin ánimo de ser exhaustivos, bajo ciertas formas.

* A partir de la separación, de la ruptura de la pareja. Y nos lo encontramos bajo la forma de proceso en curso o como separación cumplida, y es un trozo de la pareja, un partenaire que se encuentra solitario en le fracaso, quien viene al análisis para entender, para dar sentido a la ruptura.
* El dolor en la relación.
* La formación de la relación, o la imposibilidad de formar una relación, o las dudas de la formación de la relación.

1. Podemos tomar como primero el modelo narcisista (a-a´), a partir de la elección de objeto narcisista. Una mujer elige como pareja a un hombre tal como ella hubiera querido ser, es decir como yo ideal.

Alguien dice "me voy a matar" y el otro responde "no yo primero", o "me voy a separar" y el otro responde "yo me voy a separar", en donde cada uno hace en función del otro. En ocasiones la pelea imaginaria se presenta cuando uno a taca al otro y se ataca a sí mismo, matarse en el lugar del otro, después de que aquel imagina su propia muerte para mostrar su deseo. Y es porque no hay una separación del otro, no hay una separación psíquica del otro, razón por la cual no puede entrara en análisis en la medida en que permanezca inmerso en un tiempo de comprender infinito. Y esa sería la finalidad de las entrevistas, lograr una separación no material sino al menos psíquica del otro que separe al sujeto de esos movimientos en espejo.

2. El segundo modelo también pone en juego la relación imaginaria, pero en relación con una función simbólica que vamos a ubicar como I (A).

(a-a´)
I (A)

En donde aparece una referencia a la identificación a uno de los padres sosteniendo los elementos narcisistas. Cada uno se refiere a un "como el padre" o "como la madre", como sostén de la relación de pareja o como una interferencia que produce el disfuncionamiento. "Mi marido no fue querido por su madre", dando cuenta de este modo la identificación fundamental que la liga a él.
3. Tercero: el modelo fantasmático.

( $<>a)

Cuando la pareja parece responder a un fantasma del sujeto. Es decir que los trastornos de la pareja parecen obedecer a un escenario donde el partenaire tiene un papel asignado y que finalmente parecen complementarios. Miller considera la posibilidad de aconsejar, para el siglo XXI "Esclarecer bien el fantasma del Otro antes de casarse" y verificar la complementariedad fantasmática. Está claro que ello no asegura ninguna felicidad porque esa complementariedad fantasmática podría sostenerse en un disfuncionamiento permanente y sin embargo constituir un vínculo fuerte.
Pareja fantasmática o relación fantasmática en la pareja, en la que cada sujeto busca su completad en el Otro. Miguel Bassols se refiere a esta como la pareja impar: en toda pareja hay tres. El sujeto y la pareja, que son dos. Es la pareja y el Otro.
Lacan hace hincapié respecto del significante de la falta del Otro, justamente del Otro que no existe. Es otra manera de decirlo, que no hay complementariedad precisamente porque ese Otro no existe. Sin embargo el sujeto se las arregla de algún modo para encontrar o construir una suplencia, alguna suplencia, un objeto suplementario de goce que anotamos como "a", objeto a.
Y entonces aparece lo impar. Ya que para el hombre como para la mujer no hay ese Otro. Entonces se trata de dos separaciones en juego en cada caso. La separación del otro, la separación de la pareja y la separación del objeto de goce que no coincide con la anterior.
Cuanto más el sujeto quiere separarse del otro, más muestra su imposibilidad de separarse de su verdadera pareja de goce, que no es otra que el objeto suplementario en cuestión.

4. Cuarto modelo, el modelo sintomático con la diferencia que en este caso se pone en evidencia que el escenario implica un disfuncionamiento. Que el partenaire no está fuera del sujeto – es distinto del yo pero no está fuera del sujeto – en tanto que constituye, es equivalente a un síntoma. Y se puede escribir con el sigma del síntoma:

S

Rafael de León incluye en su extensa obra poética un verso que aparece en relación a la pareja-síntoma, y dice así:

"ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio,
contigo porque me matas y sin ti porque me muero".

Ni contigo ni sin ti, en donde se trata de lo insoportable de uno con el otro. También se trata de lo inseparable de uno en relación al otro. Inseparables en tanto insoportables.
Un señor que consulta en el servicio presenta el modo a través del cual, frente a la menor diferencia, interrumpe la relación. Escribe los dichos de su mujer en hojas adhesivas y las pega en la puerta del placard. Frente a una demanda cualquiera que se le dirige, y que por lo tanto considera que lo toca de algún modo, señala la hoja en cuestión y refiere: "vos dijiste otra cosa. El 04/06/72 dijiste que no te importaba ir de vacaciones a la costa". Así es como habiéndose recibido de ingeniero nuclear de muy joven, fue dejando empleo tras empleo, amigo tras amigo, vecino tras vecino, también dejó de dirigirle la palabra a sus hijos desde hace algunos años.

5. Quinto modelo: la perspectiva del partenaire-síntoma implica una oposición entre la dimensión cerrada del goce "autoerótico" y la dimensión del amor que se abre al Otro. El amor es lo que diferencia al partenaire de un puro síntoma. Vamos a decir que el amor es la función que proyecta al síntoma en el afuera. Pero a través de esto mismo, se puede introducir a la vez la idea de que en cierta medida el partenaire es un semblante cuyo real es el síntoma. A veces en los casos, tenemos este sentimiento de semblante del partenaire y de que lo real del partenaire es un síntoma del sujeto.

Podemos considerar entonces que por un lado el sujeto está ligado a su objeto "a" a partir de su fantasma y que en todo caso lo especial, lo particular será el modo de formar pareja con él.
La entrada en análisis, el surgimiento del nuevo amor que es la transferencia, permite poner en acto algo fundamental de la relación de pareja que es la ausencia.
Y es por eso que el objeto "a" no permite hacer pareja porque nunca está ausente, porque él mismo es ausencia. Es ausencia en sí mismo.
Es únicamente el registro del amor, el registro del signo a través del signo de amor que la ausencia es simbolizable y surge lo que es una relación de pareja. Alguien se pregunta si cuando alguien elige a su partenaire como alguien de quien hacerse acompañar en la vida, el modelo en que lo elige es inamovible o por el contrario, cambia.
Si la rectificación subjetiva va acompañada por un cambio de lugar por parte del partenaire.
En ocasiones nos encontramos con la dificultad respecto del modo de producir en el análisis una separación del sujeto respecto de su fantasma que no se confunda con la separación en lo real del partenaire.

Una mujer consulta porque su marido le dice al despertar que ella en sueños hablaba con un hombre llamado X. Lo cual representa una prueba irrefutable de que ella lo engaña. La mujer refiere que lo mismo le pasó con su anterior pareja. Ella dice no saber cómo hacer para demostrarles lo contrario a tal punto que si hubiera una cirugía que le permitiera extirparse ese nombre de su cerebro se sometería a tal prueba.
Y ahora los invito a que conversemos sobre algunas de estas cuestiones.

domingo, 20 de julio de 2008

Iniciación, gusto y lecturas de época en el cine

Para Revista Clepios
Guillermo A. Belaga

Cuando me solicitaron desde la Revista comentar algunas películas que hayan sido significativas, además de resultarme muy interesante y original, rápidamente recordé una frase de Ricardo Piglia que sostiene que cuando se escribe sobre las propias lecturas “uno escribe sobre su vida”. Sin dudas, se puede tomar este sentido en relación a las películas que mencionaré.

Iniciación.

“Gente como uno” (Ordinary People), 1980.
Se trata de la opera prima de Robert Redford , como Director de cine. Para los críticos, fue una sorpresa, este drama “intimista” basado en una novela de Judith Guest que ganó cinco Globos de Oro y tres Oscar: film, dirección y actor de reparto para Timothy Hutton, por entonces de solo 20 años y también debutante en cine.
Su historia, muy bien narrada, tiene una carga “edípica” enorme, al mejor estilo Hollywood, imposible no identificarse. Las relaciones de una familia estadounidense modelo (padre, madre, dos hijos) que se ve alterada por un accidente. El mayor de los hermanos muere y el menor, agobiado por la culpa de haber sobrevivido, intenta suicidarse y es internado durante un tiempo en un psiquiátrico. El film narra el regreso a casa del joven, con sus problemas, atrapados entre la frialdad de su madre y la impostada alegría de su padre.
En lo particular atrapa el papel del psiquiatra-psicoanalista, su estilo para ayudar al joven ¿como no querer ser parte de esa épica con otros pacientes?

El gusto.

“Manhattan”, 1979.
Una comedia romántica de Woody Allen, impresionante! Solo basta ver el comienzo de la película para no olvidarla nunca más, un montaje de imágenes de Manhattan con el fondo de “Rhapsody in Blue” de George Gershwin.

“Round Midnight”, 1986.
Es una película dirigida por Bertrand Tavernier, que cuenta la historia de un saxofonista americano en París en la década del 50. La narración se centra en la vida trágica de éste, y como otro protagonista, un francés que lo admira, intenta salvarlo del alcoholismo.
La impecable filmación de Tavernier, se inspira en las vidas del célebre saxofonista Lester Young, y el tortuoso y enigmático Bud Powell (pianista), que se conjugan en el protagonista.
El tono del film muestra la tensión entre tragedia y creación, y es un despliegue magnífico de lo mejor del jazz. Con el agregado de que el saxofonista tenor Dexter Gordon, que tocó con Powell, es quien protagoniza al músico. Al igual que entre los actores de reparto, se encuentran tocando en vivo, Herbie Hancock, Freddie Hubbard, Bobby Hutcherson, John McLaughlin, Wayne Shorter, Pierre Michelot, Eric Le Lann entre otros.
El resultado es una película que muestra el París de los 50 con la importante movida del jazz de esa época, y es casi imperativo buscar el CD oficial de la misma.
Al respecto, “Round about Midnight” es una obra de Thelonius Monk, en principio para piano, pero sus numerosísimas versiones hechas por tantísimos autores y músicos, y con diferentes instrumentos es un ejemplo de como un mismo escrito puede tener muchas variaciones. Una interesante metáfora de como el arte demuestra los límites que tienen los programa biológicos al intentar encasillar u homogeneizar universalmente a los sujetos.

La época.

“El tiempo” (Time), 2006.

El director coreano Kim Ki-duk introduce con “Time” una intensa historia amorosa, vertebrada en la obsesión por la cirugía estética como solución a las pasiones narcisistas.
La pareja protagonista tiene que luchar por un amor que no parece querer prosperar por los celos y la presencia de la “otra” que siente ella. Cuestiones que él no consigue pacificar con la palabra, y que la llevan a una solución quirúrgica radical sobre su cuerpo y su imagen para transformarse en “otra” supuestamente más deseable.
Kim consigue mostrar magníficamente, una narración donde se embrollan los imperativos al body-building y al consumo de objetos técnicos, el individualismo de masa, con las tradiciones antiguas de la sociedad coreana. El final será una respuesta angustiosa a estos intentos de conjugar la Imagen con el cuerpo, y el equívoco del amor.

“Contra la pared”, 2003.

Realizada por Fatih Akin, director y guionista, que nació en Alemania en 1973. Es hijo de inmigrantes turcos y estudió en la Escuela de Bellas Artes de Hamburgo. Con esta película ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín de 2004. Akin es uno de los representantes del llamado “cine turco-alemán”, constituido por directores pertenecientes a la primera y segunda generación de inmigrantes turcos, cuyos padres y abuelos formaron parte de la mano de obra masculina que, para reemplazar a los hombres muertos en la Segunda Guerra Mundial, arribaron en masa a Alemania y formaron parte del llamado “milagro alemán”.
Estos hijos y nietos de inmigrantes hablan alemán pero permanecen en una frontera, en un borde, entre la nostalgia del objeto perdido, es decir el viejo terruño que no pueden abandonar aunque nunca lo hayan conocido, y la vida local de la Alemania actual.
Por eso la cultura a la que se refiere Akin no es ni la turca de sus padres, ni la alemana de su país natal. La vida de sus personajes suele transcurrir en la multicultural y abierta Hamburgo.
En Contra la pared, Caith y Sibel, sus dos protagonistas se conocen en un centro de salud, al que han sido enviados después de sendos intentos de suicidio. Caith, el personaje masculino, drogadicto, borracho, y perdido, casi muerto, intenta suicidarse estrellando su auto contra la pared. Por otra parte su vida, sin futuro probable, ya lo había puesto contra las cuerdas.
Sibel hace un intento de suicidio más bien fingido, para intentar huir de la tutela de su familia turca, machista, conservadora y cruel. Sibel le propone a Caith un matrimonio blanco, un matrimonio por conveniencia, para poder huir de su familia. Caith finalmente acepta, ante la ferocidad de Sibel por conservar la vida aun a riesgo de jugar con la muerte. Quizás por compasión, quizás porque ya no tiene nada que perder. Sibel y Caith transitan por los bordes, se marcan los cuerpos con heridas y tatuajes. La sangre corre de una manera casi erótica en este frenesí de seres acorralados e imposibles de domesticar.
Sibel representa la decisión femenina, es su determinación la que va a ir salvando a Caith de su ruina.
Sin embargo, la segregación que ambos sufren, el exilio de cualquier tierra posible, ya que no son ni turcos ni alemanes, y sobre todo el exilio de la relación sexual, terminará por separarlos. Lamentablemente, la solución por la vía del amor, llegará tarde.
La película, demostrará que ya no se trata del malestar en la civilización que Freud sostenía, sino de que el trauma es la civilización de nuestro tiempo. Es decir, un fenómeno cultural que se sitúa a nivel del acontecimiento y que ningún discurso puede cubrir. Es la manera en que el sin-sentido se expresa en la época actual.


lunes, 7 de julio de 2008

El médico frente a la crisis: estrés profesional, “panic attack” y corrosión del carácter.

por Guillermo Belaga


1. Introducción.


Dentro de las descripciones que se han realizado en torno al estrés en el trabajo, se encuentra un “estado de agotamiento emocional, físico y psíquico” denominado sindrome de burn-out. El mismo es constatado, particularmente, en los sujetos que trabajan en las áreas de responsabilidad y cuidados sociales, como los médicos, los trabajadores sociales, los enfermeros, los docentes, etc.
Además de los síntomas que se mencionan para el estrés, el agotamiento, los trastornos de ansiedad, la irritabilidad, la desmotivación, la desvalorización, se hace hincapié en la presencia corriente de: astenia crónica, cefaleas, y transtornos del sueño o del comportamiento alimentario. Incluso se señala una mayor sensibilidad a las infecciones virales.
Algunos autores que se han detenido en el problema, caracterizan que los efectos sobrevienen en los sujetos involucrados en tareas tanto de alta responsabilidad social, como también signadas por una fragmentación en el trabajo –se desempeñan con intensidad en el sitio laboral asignado, pero aislados y/o desconociendo la globalidad de la institución y sus objetivos, reproduciendo lo que se dice usualmente de los operarios de una fábrica-, y en consecuencia atados a una pérdida de identidad. Otros, marcan que estas actividades muy investidas, no le aportan al sujeto la gratificación y el reconocimiento que esperan. La mayoría coincide que se trata de personas de ideales elevados, y reconocen la tensión entre el yo y el Ideal, es decir, el desajuste “interno” que sufre alguien entre el lugar “propio” que quiere y cree ocupar, y el modo en que vivencia cómo lo ve y lo demanda el marco social.
Pero, si bien estos planteos apuntan a una explicación en el plano psicológico, conviene más detenerse en las teorizaciones que se originan en el campo de la sociología, que nos confrontan con los cambios que el llamado tardocapitalismo o neocapitalismo, o lo que se denomina pos-modernidad o modernidad tardía, han trazado en el contexto del trabajo. Las consecuencias que las formas de organización del trabajo tienen en las identidades personales contemporáneas, muchas de las cuales suponen ciertas formas de vulnerabilidad.
Así, se verifica lo que se ha llamado la corrosión del carácter, y el problema de no poder situar una identidad social.
Cuestión evidente en el caso de los médicos, que se habían modelado anteriormente en el imaginario social, un lugar en la organización vital de las sociedades, y donde el burn-out es quizás el signo encarnado, del advenimiento de un nuevo órden que también los iguala –a las problemáticas sociales que los pacientes manifiestan-, y padecen también la comprobación de la erosión de los nexos sociales y los vínculos de confianza y compromiso entre personas.

2. Los antecedentes.

El cuadro que conocemos como estrés, cobra entidad propia a partir de 1936 cuando Hans Selye –médico canadiense- publica su descripción del “sindrome general de adaptación”, y que a partir de los años 50 toma el actual nombre, hasta llegar a su uso actual en el lenguaje corriente.
Este abordaje biológico del sindrome, tiene también su antecedente en los trabajos fisiológicos de Walter Cannon en 1935. Este elaboró una teoría de las emociones a partir de sus investigaciones sobre los efectos físicos de la cólera y el miedo. De esta manera, mostró como el organismo reacciona a situaciones críticas por ciertos cambios adaptativos, de toda su economía. Igualmente, lo que resulta fundamental en su concepto de reacton, demostró que los estados afectivos activan las funciones fisiológicas que preparan al organismo para una situación, por ejemplo el miedo y la cólera estimulan las glándulas suprarrenales con la consiguiente descarga adrenérgica...
Debido a la brevedad de este trabajo, sólo mencionaré que existe otro modelo, psicosomático del estrés, que parte de la conversión somática, descripta por Freud para la clínica de la histeria y sus relaciones con el trauma psíquico. Luego puede citarse el desarrollo de una Escuela psicodinámica en Chicago con Alexander, y otra en París con Marty, entre otras.
Pero, sí me interesa llamar la atención sobre el siguiente párrafo de Claude Lévi-Strauss en su “Antropología Estructural” (Eudeba, pág. 151): “Después de los trabajos de Cannon, se comprende más claramente cuáles son los mecanismos psicofisiológicos sobre los que se basan los casos de muerte por conjuración o sortilegio, atestiguados en numerosas regiones: un individuo, consciente de ser objeto de un maleficio, está íntimamente persuadido, por las más solemnes tradiciones de su grupo, de que se encuentra condenado; parientes y amigos comparten esta actitud. A partir de ese momento, la comunidad se retrae (...) Brutalmente separado primero de todos sus lazos familiares y sociales y excluído de todas las funciones y actividades por medio de las cuales tomaba conciencia de sí mismo, (...) cede a la acción combinada del intenso terror que experimenta, del retraimiento súbito y total de los múltiples sistemas de referencia proporcionados por la connivencia del grupo y finalmente de la inversión decisiva de estos sistemas que, individuo vivo, sujeto de derechos y obligaciones, lo proclaman muerto, objeto de temores, ritos y prohibiciones. La integridad física no resiste a la disolución de la personalidad social.”
Así, este modelo que permite sopesar el marco simbólico, el Otro social en tanto –como dice Lacan- matriz del sujeto, otorga la posibilidad de pensar dos “epidemias” actuales: el ataque de pánico y el estrés.

3. El miedo súbito a morir.

El miedo, cómo experiencia humana, se refiere al carácter de desamparo esencial de nuestra existencia.
La experiencia extrema del miedo, remite inexorablemente a si uno elige o no existir, y de qué manera y en qué estilo se llevará a cabo esta elección. Entonces en el miedo, no sólo nos protegemos sino que se nos dá la posibilidad de saber “qué hacer” con una existencia, que siempre tiene algo de frágil, y precaria.
El miedo del “ataque de pánico”, es el miedo súbito a morir, no es un miedo concreto, donde se saben y se identifican con claridad aquellas fuerzas a las que se teme, ese miedo razonable a un exterior hostil, que se intenta administrar.
Aquí, el “sí mismo” no logra ser amparado por el pensamiento, ya no se sostiene en una unidad firme y sin fisuras. Es la consecuencia, de la disolución de una “realidad” en la que estaba inmerso, un mundo que correspondía a una “topografía”, a una “red de lugares”, trenzados, vinculados entre sí. Edificio, “seguro”, hasta ese momento, pero que circundaba un “vacío”.
Así, en el ataque de pánico, el miedo se revela como un afecto límite, privilegiado, a partir del cuál desde ese desamparo develado, puede alguien elegir hacerse a sí mismo. Es a esa invención a donde se dirige la única cura posible.
Al respecto, el “autoayudarse”, la llamada “autoestima”, remite a una concepción de una existencia cerrada en sí misma que a veces accidentalmente tiene alguna avería que debe ser reformada, o como algo que responde a mecanismos enteramente condicionados que pueden incluso ser fortalecidos y programados.
La conformación del Yo, es más compleja que la posibilidad de la autopercepción de sí, la posibilidad de conocerse, controlarse y orientarse.

4. El Yo como punto nodal de acceso al sujeto.

Para el psicoanálisis, el yo es tanto la identificación al propio cuerpo, como la relación a los objetos, como un lugar en el discurso –en el campo semántico general-, como una imagen narcisista.
Esto quiere decir, que no se puede no pasar por el yo del paciente.
Así, cuando alguien habla está organizando, en el aire, un frágil equilibrio, su propia imagen frente al otro, su lugar en el discurso universal y está acomodando su relación a los objetos, en tanto los objetos también son reflejo de esto.
Esta trama, hace que la persona tenga un yo que se organiza pasando por los Otros, y entonces paga con el desconocimiento de sí. Por esto el yo es extraterritorial al sujeto, como se comprueba cuando surge un síntoma definido justamente como “lo que no se controla”, “lo que se repite”, “lo que no anda”, etc.
Sin embargo, por esta circunstancia, el yo es el punto nodal a partir del cual se puede acceder al sujeto.
En la angustia, en el ataque de pánico, el yo se desintegra, y el sujeto en consecuencia no puede localizarse, cae en picada hacia una crisis que puede darse de muchas maneras.
Es aquí, donde uno busca a los semejantes, en el momento del encuentro con lo traumático, se apela al grupo, al consenso. Y con eso poder sostenerse, poner una barrera al horror de la caída.
El surgimiento de la “epidemia” del llamado “ataque de pánico” a partir de los 80, no es ajeno a un cambio mundial de las condiciones de lo que “trenza” la “realidad”, la subjetividad de las personas, ésto origina una comunidad, la combinación de tres cuerpos sociales heterogéneos: la Ciencia, el Estado (civil, militar, judicial), lo Laboral.
En conclusión, los tres tienen que ser articulados, porque ningún discurso puede disociar a uno de los otros ni puede albergar a uno sin los otros.

5. La alienación y la organización del tiempo.

El estrés es un síntoma de alienación que proviene de lo excesivamente enganchado, “atrapado”, que se puede llegar a estar en la cadena de la actividad. De otra manera, resulta la máxima expresión de cierta lógica moderna, paradójicamente el triunfo de su implementación, que pretende individuos autónomos, eficaces, solitarios, a costa de producir sujetos abstractos, sin identidad y desmotivados. Sin contenido social ni identidad social necesaria.
Actualmente, sin duda por la catastrófica situación socioeconómica del país, se tiende a pensar el trabajo como un “don”, pero haríamos mejor en no omitir también los modos en que han variado en las últimas décadas los lugares de trabajo y las vidas laborales o profesionales de las gentes.
Lo que más sobresale, y aparece como perturbando las experiencias psicológicas de los sujetos individuales son las nuevas maneras de organizar el tiempo, y particularmente en una práctica laboral como la de la Salud condicionada por la demanda social, se suma una temporalidad muchas veces conectada a la presencia de la muerte.
En general, esta especificidad cultural de la economía política, tiene los siguientes rasgos: la tolerancia a la fragmentación, la identidad laboral “fluída” y frágil, la polaridad socioeconómica, la opacidad del proceso laboral, la experiencia psicológica de la superficialidad degradante, la denigración vergonzante de la dependencia, las ficciones del trabajo en equipo, etc. Piénsese, en aquel que para sustentarse económicamente va de un trabajo a otro, de consultorio a institución y vuelta, forzado a “administrar” la práctica sin el valorizado contacto personal con el paciente, las diferencias entre los que concentran y deciden sobre el Sistema de Salud, clínicas, prepagas, obras sociales, etc. y los empleados, la anomia ilustrada en los enfermos que ya no recuerdan ni caras ni nombres de los que los atendieron y viceversa, etc.
Esta estructura temporal específica crea un conflicto entre el carácter personal y la experiencia de una sociotemporalidad desarticulada e informe que socava la capacidad de construir un carácter en términos de cómo se narra en forma duradera la propia biografía, los propios objetivos a largo plazo, y se afrontan el futuro y el mantenimiento de relaciones duraderas.
En cambio, surge la pregunta de cómo sostenerse en una sociedad cuyo lema parece ser “nada es fijo” o “todo es a corto tiempo”, donde las vidas parecen más modeladas como un collage de episodios contingentes y fragmentos apenas ligados entre sí.
Entonces, ¿cómo intervenir activamente en la producción del tiempo social? Esta reflexión apuntaría a las respuestas que se podrían hallar desde el punto de vista de las actitudes y proyectos, una discusión indispensable en torno a la concepción del vínculo y la identidad social, y la garantía que una institución puede dar a la comunidad.

6. Conclusiones.

Evidentemente, hay un plano de la solución que es individual, es el modo de encontrar la propia forma de vida como respuesta a la tensión entre intereses particulares y sociales, a la tensión entre trabajo y otium – que significa ocio creador, y rompe con la idea de hacer equivalente ocio con “parasitismo”-.
Pero, se podría plantear en el ámbito del grupo de pertenencia un ejercicio de la conversación, que tienda a ser permanente y que no carezca de una finalidad instrumental –un objetivo claro vinculado al hacer- en nuestra comunidad de referencia, para que no se debilite. Inclusive, habría que pensar que un mismo individuo, puede pertenecer –por sus varios trabajos y ocupaciones- a contextos diversos, y/o simultáneos, lo que lleva a “estar en diferentes mundos”, con lo que esta práctica del diálogo específica, colabora a dotarlo de identidades para cada uno de esos mundos. Así estaríamos frente a sujetos reflexivos con una identidad que tiene la capacidad de transitar por diversos contextos, y pertenecer simultáneamente a ellos, pero que defienda un horizonte mínimo que se articula alrededor de las ideas de autenticidad y de justicia.
Sería una respuesta posible a lo que estamos planteando a condición de que, con el trasfondo de la incertidumbre, y la inconsistencia, no se tienda a obturar de antemano con el resultado de lo ya sabido, sino que más bien abra las puertas a las posibilidades, a las apuestas, a lo heterogéneo en vez de lo homogéneo.
Asimismo, esta vía para ser efectiva debería permitir superar el monólogo, y los modelos de exclusión del otro. En tanto, una manera de tratar la agresividad es incluir al otro soportando sus diferentes identificaciones, su marco simbólico (de convivencia cultural).
Con ésto, tenemos en cuenta que cada uno confluye en el grupo con sus propias pasiones e intereses, su propia idea de lo que es la regla, de lo que es el bien.
Entonces para finalizar, la posibilidad de tratar esta situación de incertidumbre fabricada y de alienación, es mediante lo que llamamos conversación, diálogo que sosteniendo las diferencias, acepte sin embargo una orientación, y también implique una finalidad: que el sujeto defina su identidad desde la comunidad –de trabajo, social- que forma parte, mientras en el mismo movimiento la construye y sostiene.

Guillermo A. Belaga
Mayo 2002



Bibliografía consultada:

Alemán, Jorge: “Apuntes sobre el miedo y la angustia (entre Heiddegger y Freud)”. En “Archipiélago” Nº46/2001, abril-mayo, Barcelona. Pgs.111-114

García, Germán L.: “Las pasiones de la ciudad”. En “Etcétera” Nº31, abril 2002, Buenos Aires. pgs.1-2

Larriera, Sergio: “La noción de la “Comunidad” en Heiddegger: la trenza política”. En “Colofón” Nº17, Julio 2000, Madrid. Pgs 3-6

miércoles, 14 de mayo de 2008

Filosofía y Psiquiatría

Dr. Norberto Aldo Conti
Presidente del Capítulo de Epistemología e Historia de la Psiquiatría (APSA) 2000-2004
Prof. Adj. de Psicología y Psiquiatría Fenomenológica, Fac. de Psicología (UBA)
Prof. Titular de Historia de la Psiquiatría, Fac. de Medicina (USAL)
Jefe de Servicio – Hospital José T. Borda

1. Introducción:

El filósofo y psiquiatra Karl Jaspers sostuvo que el origen de la reflexión filosófica ha sido el asombro ante la naturaleza, la pregunta acerca del conocer y finalmente la angustia ante el misterio de la propia existencia.(29) Se puede coincidir en mayor o menor medida con esta propuesta pero lo indiscutible es que la filosofía ha sido, desde los inicios históricamente reconocibles de la autoconciencia humana, una capacidad constitutiva de su naturaleza a tal punto que los estudios críticos de la segunda mitad del siglo XX respecto a la historiografía de la filosofía han llevado el origen de esta capacidad reflexionante mucho más allá de los presocráticos del siglo VI aC. Trabajos pioneros de Gigon (19,20) y especialmente de Eggers Lan (15) muestran la presencia de la reflexión filosófica en los poemas homéricos y también en Hesíodo y yendo más lejos aún vemos un reflexionar de corte filosófico en la llamada literatura docta sumeria florecida hacia 1900 aC.(34) y también encontramos un reflexionar de carácter francamente existencial en el Cantar de Gilgamesh, (2,8,34) primer poema épico de la historia puesto por escrito hacia 2800 aC. en la mesopotamia central ¡Dos mil años antes de la escritura de los poemas homéricos!
No es nuestra intención pretender una presentación, ni siquiera sumarísima, de estos desarrollos en sentido histórico, si lo es resaltar que una forma de pensamiento reflexivo al que llamamos filosofía está presente al menos desde la época en la cual tenemos registros históricos del desarrollo de la cultura y que, no casualmente, desde esa misma época tenemos registros descriptivos, críticos e interpretativos acerca de la locura.
En este contexto relacional entre filosofía y psiquiatría intentaremos, primero, describir un itinerario representativo de las relaciones filosofía -locura, y filosofía-psiquiatría, y después, presentar algunos terrenos de intersección especiales entre disciplinas filosóficas y psiquiatría en la actualidad.

2. Locura, Psiquiatría y Filosofía:

Si aceptamos el postulado de que la reflexión filosófica y las concepciones acerca de la locura pueden ser reconocidas desde el inicio de los tiempos históricos debemos, en principio, diferenciar la relación establecida entre ellas en diferentes épocas.
En este sentido sostendremos, como lo afirma la historiografía psiquiátrica contemporánea, (41) que hasta los inicios del siglo XIX no es posible hablar propiamente de psiquiatría, en tanto discurso diferenciado, socialmente reconocido y explotado por una capa profesional con espacios de formación académica, publicaciones y lugares de práctica clínica; vale decir que hasta los inicios del siglo XIX la psiquiatría no se ha constituido como matriz disciplinar, (9,37,41) por lo tanto, solo de aquí en adelante podemos referirnos a las relaciones entre psiquiatría y filosofía, mientras que en épocas anteriores nos referiremos a las relaciones entre locura y filosofía.

3. Locura y Filosofía en la Antigüedad:

La concepción antigua de la locura, si bien tuvo un desarrollo polifacético dependiente de las diferentes tradiciones culturales en las cuales era interpretada, (7,13,18,47) nos ha dejado como impronta sustancial en el desarrollo del pensamiento occidental las consideraciones de la medicina hipocrática.a (1,27,39,46,47)
Para la tradición hipocrática b la locura, que podía presentarse de tres maneras: frenitis, manía y melancolía, tenía su origen en una afección cerebral y la causa de dicha afección, al igual que para cualquier otro órgano corporal, se debía a una alteración humoral; el soporte especulativo de la misma era la Teoría Humoral. c En ella justamente encontramos un campo fecundo de relaciones entre filosofía y medicina ya que su expresión madura (Siglo IV aC.) representa el sincretismo de al menos tres líneas de reflexión filosófica existentes en la época de su constitución: el pitagorismo d, la noción de equilibrio e y el elementalismo de Empédocles. f (3,46,49,52) Es importante destacar que la interpretación humoral de las enfermedades en occidente fue el principal soporte teórico de la medicina hasta comienzos del siglo XVIII. Por fuera de los escritos hipocráticos debemos destacar los aportes de Platón a la comprensión de la existencia, la conducta y el conocimiento humanos g (14,15,16,21,54) y muy especialmente las consideraciones de Aristóteles en torno al temperamento melancólico. h (27,60)

4. Locura y Filosofía en la Edad Media

Lo que llamamos Edad Media es un largo período histórico que va desde la disolución del Imperio Romano de occidente hacia el año 450 dC, hasta los inicios de Renacimiento en el siglo XIV. De él quisiéramos rescatar dos aportes fundamentales de la filosofía que impactan sobre las interpretaciones de la locura: el pensamiento de San Agustín i y la escolástica árabe. j

5. Locura y Filosofía en el Renacimiento

Este período, que se desarrolla con mayor intensidad en las ciudades comerciales de Italia, inicia un cambio en las formas de pensamiento en occidente que continuará durante la modernidad. En el campo de la medicina concurren varias líneas de innovación que serán el punto de inicio de la medicina moderna, k (39) por otro lado reaparece, de la mano del humanismo griego, la concepción del temperamento melancólico, acuñada por Aristóteles, y su relación con el genio y la locura l (1,60)

6. Locura y Filosofía en la Modernidad

En los doscientos años que van de principios del siglo XVII a los inicios de la psiquiatría en el siglo XIX la concepción occidental acerca del hombre y la naturaleza sufre una profunda transformación iniciada con el racionalismo cartesiano m (11,12,40) y continuada, primero, por el empirismo inglés n (40,42)y luego por el criticismo kantiano, o (31,33,40,53) más allá de las diferencias que los separan todos concurren a radicalizar el giro gnoseológico y el proceso de secularización del conocimiento, fundamentando los desarrollos de la “Nueva Ciencia”. (55) La locura se define en esta época por oposición a la razón, el más caro bien constitutivo de la naturaleza humana. En este contexto la preocupación central de los filósofos será, fiel a la tradición que cada uno representa, reflexionar acerca de las posibilidades y límites del conocimiento; por este motivo no es extraño que además de proponer modelos de funcionamiento de la mente humana muchos de ellos incursionen en el análisis de la locura en tanto antípoda paradigmática de la razón. p (32)

7. Psiquiatría y Filosofía

La primera matriz disciplinar psiquiátrica está representada por el alienismo introducido por Phillipe Pinel a principios del siglo XIX en la Francia Postrevolucionaria, si bien su formación médica lo llevó primero a buscar las causas de la locura en el método anatomopatológico, propiciado en la misma época por Bichat, fueron las ideas iluministas las que moldearon su interpretación de la locura y lo llevaron a desarrollar su famoso tratamiento moral. q (6,4)
Jean Etienne Dominique Esquirol, discípulo de Pinel, mantendrá en líneas generales la doctrina del alienismo introducida por aquél, pero se aproximará más a los desarrollos de la segunda mitad del siglo XIX, en efecto, Klaus Dörner (24) a ubicado la obra de Esquirol en lo que él llama un positivismo psiquiátrico sociológico ya que está presente en su pensamiento la idea de locura como enfermedad corporal (cerebral) pero mantiene el interés por los condicionamientos psicosociales. En el plano político Esquirol no es un revolucionario sino un conservador moderado de la época de la Restauración, (24) por lo cual sus influencias filosóficas no son los ideólogos sino la filosofía de Royer-Collard. r A partir de ella profundiza la observación clínica y la distinción de los síndromes psicopatológicos poniendo énfasis en la función de control de las atención voluntaria. (Lo que Bercherie llama “una concepción monárquica-constitucional”).(6)
Wilhelm Griesinger introduce en Alemania el alienismo de Pinel en una época en la cual el pensamiento psiquiátrico alemán está marcado por la dicotomía entre psiquistas y somatistas. s Griesinger publica, en 1845, su Tratado sobre las enfermedades mentales donde presenta una nosografía unitaria de la locura, retomando el concepto de psicosis única introducido por su maestro Zeller. Su pensamiento, que cabalga entre la unidad del alienismo de la primera mitad del siglo y la pluralidad de las enfermedades mentales de la segunda mitad del siglo, influirá profundamente sobre Kahlbaum y Kraepelin. (6,41,57)
En la segunda mitad del siglo XIX el alienismo da paso a la clínica de las enfermedades mentales y al advenimiento del psiquiatra. En efecto, el discurso médico acerca de la locura se encolumna detrás del desarrollo de la medicina “científica y experimental” encuadrada en la filosofía positivista t y, a partir de la popularización del descubrimiento de Bayle (1822) del modelo explicativo de la parálisis general progresiva que incluye etiología, fisiopatología, evolución, pronóstico y tratamiento, las enfermedades mentales son interpretadas como entidades clínico-evolutivas que se diferencian a través del detalle clínico y las formas terminales, enfermedades que se producen por un trastorno o lesión cerebral que, si bien se desconoce, en el futuro será identificada. (6,41,56)
Lasegue, Falret, Magnan en Francia; Kahlbaum y Kraepelin (22,23) en Alemania son, a nuestro entender, los autores que construyen la clínica de las enfermedades mentales dejando establecida la arquitectura de las nosografías psiquiátricas presentes a principios del siglo XX y rediscutidas sobre principios del siglo XXI. u (6,41,56)

8. Psiquiatría y Fenomenología

En 1913 el joven psiquiatra Karl Jaspers publica una obra que presenta un tratamiento inusual, para la época, del conocimiento psiquiátrico; en su introducción dice: “ ... En lugar de presentar resultados que tienen una pretensión dogmática, este libro ensaya familiarizar al lector con los problemas, las preguntas que se plantean y los métodos; en lugar de plantear un sistema teórico particular, querría aportar una clasificación fundada en la reflexión metodológica ...” (Psicopatología General, 1913)(28)
A partir de aquí se inicia una crítica, fundada en la reflexión filosófica, a la creciente postura dogmática del naturalismo psiquiátrico que coincide, hacia los años `30, con una amplia reflexión crítica en Europa acerca de los alcances del positivismo naturalista que será el punto de inflexión de su reinado como interpretación hegemónica de la realidad. (26)
La reflexión iniciada por el joven Jaspers parte de la corriente filosófica orientada por Edmund Husserl, v la Fenomenología, (25,26,59) y, a partir de sus postulados básicos, va a la búsqueda de aquello perdido, olvidado y, a veces, francamente desechado por la psiquiatría naturalista: la vivencia del paciente, los contenidos de conciencia que acompañan a las descripciones clínicas, toda la compleja realidad subjetiva del padecimiento mental solo reconocible a partir de la inclusión de la palabra en la ya existente clínica de la mirada.(30,56)
La propuesta de Psicopatología General (1913), no continuada por Jaspers, w es el punto de partida de un conglomerado de desarrollos aparecidos en Francia x y Alemania y que, si bien parten de fundamentaciones filosóficas diversas, pueden denominarse en conjunto Psiquiatría Fenomenológica ya que todos ellos comparten, al menos, dos postulados básicos: 1) la necesidad de bucear en los aspectos subjetivos del padecimiento mental enlazando lo actual en el horizonte histórico del devenir psíquico y 2) el rechazo al dogmatismo de la psiquiatría naturalista. (6,41)

9. Filosofía y Psiquiatría en la diáspora contemporánea

Si algo caracteriza al pensamiento actual el su tendencia la fragmentación y/o especialización, este fenómeno se observa tanto en el campo de la filosofía como en el de la psiquiatría y es, sin duda, expresión de las formas de vida social desarrolladas en occidente a lo largo del siglo XX (desarrollo tecnocientífico) cuyo punto culminante es el proceso de globalización con el cual hemos inaugurado el nuevo milenio.
En este contexto se han ido afianzando, en los últimos años, una serie de discursos provenientes del campo filosófico que permiten legitimar intelectualmente diversos discursos y prácticas en el campo de la psiquiatría.
En primer lugar tenemos a la epistemología, constituida, como disciplina autónoma a partir de los desarrollos del “Círculo de Viena”, (4) que presenta al menos dos líneas claras en la actualidad. Por un lado la, hoy llamada. Concepción heredada cuyo referente principal es Karl Popper,(51) presenta una exigencia fuertemente normativa tendiente a un ideal de formulación matemática del conocimiento no siempre posible de ser alcanzado en determinados ámbitos de investigación de ahí la tan conocida como equívoca diferenciación entre ciencias duras y blandas. En el campo de la psiquiatría esta postura tiende a legitimar el naturalismo representado por las corrientes neokraepelinianas desde 1980 en adelante, como así también las taxonomías de la serie DSM (48) construídas sobre base empírica, estadística y experimental con intento de fundamentación en la filosofía de la ciencia de Hempel (modelo nomológico-deductivo). Por otro lado tenemos la concepción paradigmática, inaugurada por Thomas S. Kuhn, (9,36,37,38) que introduce a la historia como el horizonte sobre el cual se construye la ciencia, el científico es un sujeto históricamente situado y el conocimiento que produce no es siempre acumulativo sino disruptivo y dependiente de las revoluciones científicas que este autor propone. Los desarrollos postkuhnianos han tendido a reflexionar cada vez más acerca del papel de la subjetividad en el proceso de producción científica siendo a veces criticados por sus tendencias relativistas. Esta posición permite fundamentar desarrollos psiquiátricos que intentan alejarse del naturalismo como son, por ejemplo, algunas corrientes de inspiración psicoanalítica, fenomenológica y constructivista. Por último recordemos al más innovador de los epistemólogos surgidos en los sesenta, Paul Feyerabend, quien en una conferencia titulada “Científicos en una sociedad libre” exigía la democratización del conocimiento como punto de renovación de una ciencia que reconocía en crisis, actualmente en el campo de la psiquiatría los orientadores de la corriente post-psiquiátrica (48) retoman esos mismos postulados.
En segundo lugar, ha ocupado importante presencia en el escenario actual, la corriente de filosofía de la mente, su preocupación no es nueva, se trata de la naturaleza de los estados mentales pero, a diferencia de los desarrollos clásicos en este tópico de Descartes en adelante, abandona la especulación metafísica y trabaja desde otro andamiaje teórico: la lógica del lenguaje, los modelos computacionales y los avances en las neurociencias. En este escenario algunos autores, como Putnam, consideran que el funcionamiento mental es homologable al funcionamiento computacional, con lo cual el funcionamiento mental no sería reductible al funcionamiento cerebral puesto que las computadoras no tienen cerebro, quedando entonces la psicología en un dominio autónomo respecto a las neurociencias. (50) Otros autores, por el contrario, abrazan una posición materialista aunque no siempre reductible a las neurociencias; en efecto mientras Churchland propone un materialismo eliminativo (50) tendiente a negar los modelos psicológicos para reemplazarlos (utópicamente) por explicaciones neuroquímicas, Searle propone una explicación postdualista no eliminativa que si bien es un monismo materialista no torna la conciencia reductible al cerebro. (59)
En tercer lugar, no podemos dejar de referirnos al pujante desarrollo de la bioética en los últimos años, (17,43,44,45) heredera, pero solo en parte, de la antigua ética médica, esta disciplina supera los límites de la responsabilidad ética atinente a la relación médico-paciente para ocuparse de lo que podríamos llamar problemas biomédicos en la era tecnológica, que incluyen: los problemas en torno a la concepción, el manejo del genoma humano, ciertos aspectos en la calidad de la atención en salud pública y, muy especialmente, los límites dentro de los cuales es aceptable la investigación farmacológica en patología clínica humana; (5) probablemente este último aspecto sea el más destacable en el campo de la psiquiatría ante el incesante desarrollo de la industria psicofarmacéutica y la proliferación de ensayos clínicos que el mismo conlleva.

10. Epílogo: ¿Hacia una Filosofía de la Psiquiatría?

Hemos iniciado este trabajo diciendo que la reflexión filosófica es una actividad original del hombre que lo acompaña al menos desde los inicios de los tiempos históricos y que es parte constitutiva de su naturaleza como también lo son el padecimiento y la muerte. La reflexión filosófica ha acompañado a las concepciones de la locura como su sombra a través de la historia, aún en tiempos modernos la comprensión del padecimiento mental en una persona históricamente situada como miembro de una sociedad solo ha sido posible incluyendo la perspectiva filosófica en esa comprensión.
Sin embargo, en los últimos veinte años, la psiquiatría se ha ido vaciando de contenido filosófico para incluirse en el universo de una medicina naturalista y tecnocientífica. Respecto a las consecuencias de este proceso nos dice Novella: “ ... La psiquiatría, como disciplina integrada ya plenamente en el seno de la medicina, ha devenido toda ella el objeto de un metadiscurso específico cultivado por un (hasta ahora) reducido y heterogéneo círculo de especialistas: el de aquello que ha acabado denominándose, como era de esperar, filosofía de la psiquiatría.” (50)
Llegamos así a una situación paradojal: comienzan a aparecer importantes desarrollos en el terreno de la reflexión filosófica acerca de la práctica psiquiátrica que están hechos por “especialistas” en dichos tópicos y no por los practicantes de las prácticas que se reflexionan. En efecto, en la formación básica del psiquiatra clínico ha desaparecido, al menos en la Argentina, la enseñanza de la filosofía y con ella la reflexión crítica y el conocimiento histórico de una clínica ya bicentenaria. Este proceso de desfilosofización del psiquiatra no se da sin efectos sobre los alcances individuales y sociales de su práctica, como viene siendo denunciado desde hace mucho tiempo por autores tan dispares como Jaspers, Roth, Shorter z y actualmente por el movimiento de la postpsiquiatría.(48)
Creemos firmemente que la única manera de no claudicar ante esta aporía es reinsertando la enseñanza de la filosofía en la formación básica del psiquiatra (que debería ser una continuación de la formación humanística de pregrado) y que la producción teórica de los especialistas en Filosofía de la Psiquiatría se vea enriquecida en un permanente diálogo con el psiquiatra clínico.
Finalmente quisiéramos apostar, parafraseando la Carta VII de Platón, a un futuro en el cual el éxito profesional y la corrección ética del psiquiatra estuvieran enlazados con su formación filosófica como parte indispensable de su ser psiquiatra.


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